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En Rates subirás entre almendros en flor

Mundo Bicicleta

En Rates subirás entre almendros en flor

Tiempo de lectura:3 Minutos

Aquel invierno había sido muy duro. Y frío, muy frío. Incluso nevó.

Llegaba a finales de febrero con hambre de bicicleta. Necesitaba sol. Anhelaba quitarme ropa, afeitarme las piernas, ponerme maillot y culotte cortos, y pedalear de nuevo sintiendo el aire en mi piel.

Justo en aquel momento conseguí una preciosa oportunidad de acercarme con mi bici a una estada en Calpe. En tan encantador pueblo de la Costa Blanca encontré el sol y la playa que andaba buscando para caminar en bici, pero también para sorprenderme con la bella y abrupta montaña alicantina.

Era aquel entorno un lugar envidiable, rodeado por el maravilloso mar Mediterráneo y por las sierras que a modo de racimos forman pasos montañosos de gran renombre en el mundo del ciclismo profesional.

Puro aroma ciclista.

Aún era invierno, pero entre almendros y cerezos en flor respiraba el avance de la primavera bajo el estupendo sol de esta tierra, siempre cerca del mar y como telón de fondo el idílico paisaje de la media montaña de Alicante.

Nos esperaban Bernia, Cumbres del Sol, Castell de Castells, Val d’Ebo y, por supuesto, Coll de Rates, el puerto más frecuentado por los cicloturistas de estas comarcas de la Comunidad Valenciana.

Aquel día tomamos la carretera desde Parcent, uno de los nueve pueblos de la Vall de Pop, para aquellos que prefieren llamar al territorio según el dominio de sus montañas, o del valle del Jalón, siguiendo el patrón de sus ríos.

Recuerdo que nos comportamos todos los integrantes de aquella salida como un auténtico equipo capitaneados por nuestro coach, ascendiendo en grupos de dos y dando relevos en cabeza bien coordinados.

Entre frutales, pinos y algunas palmeras, sorteando muchas curvas, coronamos el alto del Coll de Rates por su vertiente norte, todos muy juntos y cruzándonos ciclistas de todo tipo: con pinta profesional, amateurs y cicloturistas, subiendo por una bonita carretera de dificultad contenida, pues rara vez su pendiente superaba el 5% de desnivel, si bien alguna herradura que despuntaba las dos cifras la tuvimos que afrontar a bloque.

Paso de montaña de la Sierra del Carrascal, se trata de un puerto en el que se miden muchos ciclistas de la zona, profesionales o no, en el que incluso existe un sistema de registro de tiempos, estableciendo un ranking, dispuesto por una empresa alemana.

Mientras escalaba aquella cuesta observando el mar, entre respiraciones agitadas, y mirando al cielo, me hicieron recordar algunos inolvidables fragmentos del poeta valenciano Francisco Brines: “Porque todo va al mar y el hombre mira al cielo que oscurece, la tierra que su amor reconoce, y siente el corazón latir. Caminar al mar, porque todo va al mar”.

Allí, junto al restaurante del Coll de Rates a 626 metros de altitud, estábamos en el punto de observación de las dos Marinas: la Alta, desde El Verger hasta Calpe, y la Baja, desde Altea a Vilajoyosa, con sus montes, valles y vegas.

Habíamos superado un desnivel de 350 metros en casi 7 kilómetros de ascensión a una media razonable del 5,28%, pero no estábamos en lo más alto. Unos dos kilómetros más arriba, y por una empinada pista forestal casi toda de cemento, nos esperaba la atalaya de vigilancia forestal de la Cumbre Carrascal de Parcent, a 950 metros de altura: una subida terrorífica, un duro esfuerzo y unos tremendos sudores que fueron ampliamente gratificados por la sublime perspectiva.

Como dijo en su día Jon: “turrón del duro en Alicante”.

Ahora no sé de quién fue la idea de subir hasta aquí pero recordando aquel momento tendría que haber sido recompensado por hacernos disfrutar de unas magníficas vistas.

Con un panorama de 360 grados a la redonda, muchos pueblos como Parcent, justo a nuestros pies, se divisaban desde allí: Jávea, Orba, Murla, Pedreguer, o Alcalalí entre otros, pintados al natural, como un gran mapa geográfico usando nuestros propios ojos.

El día era claro y se avistaban las sierras del Segaria, la Safor y el Montgó, las paredes y crestas del Ferrer, las alturas de Bernia o de Oltá, junto al Peñón de Ifach y el mar azul, intenso, recortando a lo lejos en la línea del horizonte la silueta de la isla de Ibiza.

Un mapa, hecho en piedra, situado en el mismo mirador, nos ayudó a situarnos y localizar todos estos puntos que alcanzaba nuestra vista desde las alturas y la distancia, hacia todas las direcciones sin dejar de sentir fascinación.

En aquel sitio entablamos una animada charla con un grupo de excursionistas que, sorprendidos, se admiraban de nuestra resistencia física para lograr semejante hito y que padecían por nosotros por el miedo que les daba pensar que también íbamos a bajar en bici por aquella carretera llena de curvas cerradas.

Fue de agradecer que valoraran nuestro esfuerzo para lograr aquella cima y también que se asombraran de nuestro “equilibrio” para descender.

En efecto, como decía el poeta, debíamos irnos ya dirección al mar, ya que había llegado la hora de marchar de allí, con algo de pena y emoción, dejarnos de charlas porque en una hora debíamos estar ya de regreso y se hacía tarde, como así nos anunciaba el dorado del sol que se reflejaba en nuestras miradas que acababan en el mar.

Ningún cicloturista que se precie de serlo y que pase por esta zona del Levante debería perderse la subida al Coll de Rates para disfrutar de sus paisajes, no sólo viéndolos, oliéndolos y escuchándolos también.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de Cycling Locations y Univers Bicicleta

INFO

Ya tenemos las gafas Eltin, y en breve os diremos qué nos han parecido

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