Recomponiendo las cenizas de Andy Schleck

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Cuando esa tarde de junio de 2012, Andy Schleck se sentó frente a un paredón de prensa ávida de su estado de salud, las conjeturas sobre el motivo se dispararon. Acompañado del aún operativo Johan Bruyneel. El pequeño de la saga luxemburguesa admitía una lesión que le apartaba del Tour de Francia. Aquella noticia culminaba una temporada tan horriblemente mala, que incluso un servidor, siempre crítico con el vástago menor de Johnny, pensó en una treta para omitir el Tour de Francia, no sé, porque quizá no se veía en condiciones o ante un recorrido que no le era favorable.

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Pero pasaron los meses y esa lesión de Andy no remitía, incluso empeoraba. Volvió con motivo de esa carrera fantasma llamada Tour de Pequín. Cada etapa era un reguero de minutos perdidos. Lo más sintomático llegó cuando en la cuarta etapa llegó último, doce minutos después de Liu Bio, chino para más señas. Aquella no podía ser la estampa de un corredor que sólo diez meses antes recibió el premio del Tour de 2010 por descalificación del primero, un premio que a tenor de lo que dice sigue sin reconocer suyo.

Ante tan tétrica situación tuvo incluso el arrebato de entrenar contra prescripción. Complicó la recuperación en seis semanas más. En Cycle Sport admite que el médico le confesó que otros en su situación acabaron sus días en una silla de ruedas. Le salvaba su juventud. En ese momento volver a ser ciclista top pasó a un segundo plano y trabajó en volver a ser corredor con el objeto de matizar cuestiones tan sencillas como el no descolgarse de sus compañeros en  los entrenamientos.

Y lo logró. Esas sensaciones tan primarias, tan sutilmente admitidas por cualquier ciclista profesional medio, volvieron a las piernas de Andy que sin embargo culmina un serial de abandonos que causan estragos en la hinchada. Todas las vueltas que ha corrido desde el Dauphiné de junio las ha saldado con abandono. Dejó la citada carrera alpina en la sexta etapa, el Tour de Pequín en la quinta, el Down Under en la sexta y el Mediterráneo en la primera. Sólo ha finalizado la semiclásica italiana de Camaiore y rueda en el más absoluto anonimato estos días entre el Tirreno y el Adriático, totalmente fuera de la propaganda que la siempre orgullosa organización realiza con las estrellas que concurren.

En este 2013 el círculo se cierra para Andy. Aunque con las irresolutas incógnitas de saber qué deparará la campaña, el pequeño duque sabe que está en el punto de no retorno. Que esas recién recuperadas sensaciones de ciclista deben plasmarse en algo más, quizá no en mirar de tú a tú a los grandes tan pronto, pero sí aproximárseles. Curioso, ahora que ha probado los sinsabores de la salud, habla incluso de hacer dos grandes el año que viene. Decididamente, llega el punto en que uno no sabe si estas catarsis son o no beneficiosas al final.

1 COMENTARIO

  1. El año pasado en una de tus entradas, creo que puse que no veia a Andy Scheleck volviendo a ganar un Tour. Pues ahora mismo me arriesgo a decir que no le veo haciendo nada serio en esta temporada. Ya se que esta acaba de empezar, pero es que el personal está muy fuerte.

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