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Recortes de Roubaix (I)

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Recortes de Roubaix (I)

El año 2014 Roubaix estuvo de moda. De hecho lo hace cada año, nunca deja de estar en la cresta de la ola. Pero algo nuevo pasó: el Tour de Francia introdujo ese año una etapa con 9 tramos de pavés, habituales en la clásica. Y ya se sabe que el Tour todo lo puede y es capaz de poner de moda o hundir lo que se proponga.

Para nosotros Roubaix había sido siempre una etapa pendiente, un destino obligatorio que faltaba por tachar. El viaje a Roubaix es al mismo tiempo un viaje al pasado, a los orígenes del ciclismo.

A modo de flashes, las fotos evocan recuerdos del largo fin de semana que pasamos allí, en el norte de Francia, tocando con Bélgica. Recuerdos que no serán fáciles de borrar.

Esta es la pequeña historia visual de nuestro viaje a Roubaix a la conquista de los adoquines.

Johan Museeuw, el león de Flandes

Bar Le Pave justo frente a la entrada al velódromo. Cinco de la tarde del viernes anterior a la París Roubaix. Cicloturistas de toda Europa comparten tertulia y cerveza en ese local mítico. Especialmente muchos belgas.

Lo recuerdo como si fuera ahora, tantas veces viéndolo en la televisión, luchando con la cara embarrada. El día del triplete del Mapei, el día de su lesión tras la caída en Arenberg en 1998, el día, dos años después, que con el maillot de Domo, se reconcilia con la París Roubaix y la gana mostrando su recuperada rodilla al mundo.

Me parece reconocerlo. Miro las fotos de los vencedores que adornan las paredes del Bar y confirmo mis sospechas. Es Johan Museeuw. Con unos kilos de más y con la cara enrojecida por alguna que otra cerveza. Un mito viviente. ¿Eres tú? Soy yo. ¿Una foto? Cómo no!

Otra vez la fiesta de la bicicleta que es Roubaix se manifiesta en toda plenitud. Antiguos vencedores vuelven una vez al año, toman unas cervezas, son reconocidos y por unos momentos la gloria parece volver. Sólo pocos minutos más tarde vuelve a la realidad cuando le vemos alejarse sólo en un coche rotulado con la imagen de una marcha cicloturista que organiza en el mes de Junio.
Una foto que es algo más que una foto de un mito viviente con fans.

Las bicicletas de Roubaix

Preparar la bicicleta para ir a Roubaix es una aventura. Cada uno escucha, lee, mira, investiga, y finalmente prepara la bicicleta. En mi caso no fui con la bicicleta “principal”, puesto que no quería hacerla sufrir y pasar por los malos ratos de los tramos adoquinados. Me cogí una bici vieja, le metí doble cinta del manillar, le metí cubiertas de 26 mm e hinché las ruedas a una presión moderada tirando a baja (5,5 kilos o 6 a lo máximo)… y poca cosa más. Otra cosa la descubrí ya sobre el primer tramo de pavés: hay que llevar portabidones en buen estado que sujeten bien los bidones. De lo contrario, al primer tramo de pavés ya los habréis perdido. Cientos de bidones en los tramos adoquinados dan fe que no fui el único que perdí un bidón.

Pero ir a Roubaix no es solo preparar la bicicleta sino preparar todo el material y la ropa de manera adecuada. No hay que olvidarse de los guantes, y ahí estaba yo para correr sin guantes. Cómo se le va a ocurrir a alguien correr sin gafas en una Roubaix polvorienta en la que se preveía un tiempo seco y primaveral. Y las gafas se me olvidaron. La organización también recomendaba llevar 5 cámaras de recambio por lo que pudiera pasar. Esto no es la salida de todos los domingos, aquí el riesgo de pinchazo es casi del 100%. Y si mezclamos pinchazos y caídas seguro que no hay grupeta que se marchara a casa sin ninguna de ellas.

Todo eso es también la experiencia de correr en Roubaix. En la foto vemos una bicicleta al final del recorrido, con una buena dosis de polvo y de suciedad. En el tubo horizontal se puede ver el adhesivo que la organización daba para tener presente en todo momento del recorrido cuáles eran los tramos de pavés. Muy buena iniciativa y una gran “chuleta”.

El Bosque de Arenberg

Arenberg es el primer tramo calificado de cinco estrellas o dificultad máxima. En la prueba cicloturista el tramo es cronometrado para que el que quiera se pueda medir con los demás.

El ambiente en el Arenberg es especial. Tanto el día de la cicloturista como el día de la carrera profesional. El paso del cicloturista por el tramo adoquinado más famoso se convierte en una tortura para los no avezados. Un inacabable tramo recto de 2,4 km con unos adoquines desiguales que no permiten coger ninguna velocidad

El día de la prueba profesional es uno de los sitios con más ambiente de toda la prueba. Una zona VIP al final del tramo donde las personas importantes pueden ver lo que ocurre en una posición privilegiada. No cabe nadie más, si alguien pretende tener un poco de visibilidad.

Sobre todo un montón de belgas alrededor nuestro. También ingleses (vestidos con el Rapha Style) e incluso una pareja de americanos que han aprovechado las vacaciones para ver todas las clásicas de primaveras. Sorprende la cultura ciclista que tienen, viniendo de donde vienen!

En las fotos podemos ver los adoquines irregulares que caracterizan Arenberg. Otro nombre que ya está escrito en la leyenda de nuestro deporte.

El anacronismo de Roubaix

Una imagen refleja tantas cosas… ¿Anacronismo decíamos? ¿Cómo se puede entender que en una carrera tan super-profesionalizada, donde hay tanto dinero en juego, nos encontremos un personaje así?

Una furgoneta o una moto vieja dejaron un rastro de aceite en el paves de Arenberg la noche anterior a la París-Roubaix. La solución no pasa por una sofisticada maquinaria capaz de limpiar la ruta y arreglar el desaguisado. La solución pasa por que uno de los “Amis de la Paris Roubaix” en una furgoneta, probablemente en peor estado que la que dejó el rastro de aceite, lance serraduras que sequen el aceite pocas horas antes del paso de los corredores. Todo muy antiguo, muy rural, muy…auténtico.

En la foto podemos observar al personaje que se encargaba de tan importante cometido. Importante porque de no ser por ese trabajo muchos ciclistas profesionales podrían haber caído, circulando a gran velocidad por ahí, exactamente por el “lomo de burro” del camino, por la espina dorsal de la carretera, por el centro.

Continuará…

Por Claudio Montefusco

INFO

El Cruz Bike-Rack N es el portabicicletas de techo en acero

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