Recuperemos el gusto por el fútbol de verdad

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Yo conocí el fútbol de Juanito, Santillana, Migueli,… nombres que suenan lejanos pero vestían la camiseta de los grandes, y no sólo eso, morían por la camiseta de los grandes. La identificación con los colores, eso que tan evanescente, era total. En esa sintonía estaba la masa social, el público, los seguidores,… la afición.

Yo conocí el fútbol de patio, de sueños. Nos pedíamos un nombre y lo manteníamos hasta el final del curso. El fútbol del recreo, de las charlas insondables al calor de las chorradas que soltaba Alfonso Arús en su “Força Barça”. El fútbol de andar por casa, el de pasillos y latas de Coca Cola haciendo las veces de pelota. Latas que acaban irreconocibles, al abrigo de una papelera del Paseo de la Estación, en Sants, en Barcelona. Era el fútbol de la Recopa, de la Uefa, el de mi Espanyol en la final de Leverkusen. El fútbol que permitió soñar a los pequeños. El fútbol democrático. El de todos.

Hoy veo el circo del balón desde muy similar perspectiva. Lo vivo por los ojos de mi hijo, y me gusta lo que veo. Incondicionalidad, pasión, estruendos de lo que un día a mí me enamoró. De lo que hoy le gusta a mi hijo que viste los colores del Celta, del Salamanca, de la Juve,… de quién se tercie y lleve una pelota en el escudo.

Pero todo eso está amenazado de muerte. Anteayer al calor de la desaparición del Eusklatel, acuñamos un post que tuvo excelente acogida. El deporte español está en peligro de muerte y el fútbol quizá el primero pues se trata del que más tiene que perder. La desconexión de lo que un día fue una fábrica de sueños y el público es total.

Hace un tiempo que la llegada de extranjeros se fue de las manos por aquella famosa ley Bosman. Desde entonces vivimos una burbuja que ha explotado en gran parte pero no del todo, quedan los dos grandes, Barça y Madrid, a quienes se les cuestiona su forma de hacer desde Europa y desde unas cuentas que no se sostienen.

Y en esto que en medio de un país levantado por cargas de profundidad, se anuncia un megafichaje de 100 millones de euros que posiblemente se concrete en horas. Ante un hecho que me deja sin palabras sólo diré una cosa, yo seguiré con mi fútbol de barrio, de sábado por la mañana, de cuatro críos deshilachando zapatillas, y el de los buenos partidos sin interesar juegue si lo que ve entretiene, enamora y apasiona. Recuperemos el gusto por el fútbol de verdad.

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