El retrato menos glamouroso del ciclismo profesional

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Odiaba el ciclismo por culpa de la creciente disparidad que apreciaba entre la imagen que se tenía del deporte desde fuera y el verdadero rostro que uno veía desde dentro. Lo odiaba porque le había entregado mi juventud, y tantas otras cosas, y la compensación había sido muy escasa y fugaz, sobre todo comparada con aquellos que corrían enormes riesgos sin reparar en las consecuencias. Lo odiaba por lo cansado que estaba a todas horas, tan cansado que, de los dieciocho años en adelante, dejé de saber distinguir cuándo estaba triste y cuándo tan solo agotado. Y lo odiaba porque no estaba seguro de si en verdad podía vivir sin él

Otra vez Contra Ediciones da en el clavo metiendo ciclismo a su porfolio. Al libro de David Millar, que ha registrado unas ventas envidiables, y el de Perico, no tan exitoso como el del británico, se le añade una perla llamada Gregario, la obra escrita por Charles Wegelius en la que quita todo el glamour y romanticismo al nombre oficio de la bicicleta.

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Wegelius tiene una cosa que nos gusta respecto al agrio retrato de Kimmage. Es sincero, pone las cosas en su sitio, pero acepta que este circo es así, está montado de esta manera y cambiar las cosas puede sonar a quimera. En el viaje hacia su interior, que vacía cronológicamente en el libro, el hoy director en el Cannondale, se moja respecto a personas y hechos.

Sus inicios coincidieron con los primeros días del plan británico que tantos resultados está dando. Ya entonces se dio a entender lo grande que era aquel proyecto, a tenor de los sueldos que manejaba el entonces joven y ansioso ciclista de origen finés. Con el tiempo describió “cositas” que dibujaban que el envidiado British Cycling nunca ha sido el paraíso que muchos imaginamos.

En la galería de personajes que pasan por su vida destacamos dos. Por un lado Danilo Di Luca, un líder afable, agradecido y motivador, un perfil muy alejado al busto corrupto que los medios anglosajones esculpen de todo aquel latino que ha dado positivo alguna vez. Por contra, define a Cadel Evans como el líder menos estimulante que ha tenido siempre. De Evans cuenta cosas asombrosas, permitidnos no hacer un “spoiler”.

Esta lectura, muy opuesta a lo que se estila en los círculos británicos, creo que dibuja la ambición del libro, más allá de complacer. Sencillamente quiere contar las cosas como son, o como él las vio, desde los ojos de un ciclista consumido por la ambición de ser alguien en sus inicios que se curte y forja a base del baqueteo propio de un mundo muy competitivo. Lo hace a su manera, auténtico. Un buen retrato del anti glamour que no vemos en las cámaras.

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