Revista al 2011: Cinco momentazos

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La última semana del año, el primero de vida de este blog, entrará en harina de análisis. Un pequeño retrato a la temporada del año que se nos escapa sin mayor pretensión que sembrar un poco de memoria sobre esta campaña. Empezamos por los momentos de enmarque, los trepidantes, que haberlos los ha habido, incluso en la temporada donde los pinganillos y el papel de los directores han ejercido de enconado debate. El momento intenso del ciclismo, el momentazo que llamamos aquí, suele estar muy ajeno a esos hilos de modernidad que conectan el ciclista al dictado del jefe al mando del coche de equipo, sin demérito de estos, la temporada 2011 nos dejó retratos impresos en nuestra conciencia que resultarán duraderos.
Ahí van cinco:
·         Grammont: poco después de su peaje exitoso en la E3 con alto en Harelbeke, Cancellara quiere ejercer de favorito desde bien pronto en la Ronde. El error de Boonen le sirve de excusa para remachar e irse a por Chavannel. En la subida adoquinada de Geraardsbergem, al cobijo la capilla, el suizo purga por uno de los pecados capitales, la soberbia. Se derrumba, su ventaja cae cual castillo de naipes. Tenemos carrera nueva, todos los grandes juntos y un desenlace improbable, Nick Nuyens, en la tercera fila de las apuestas resulta ganador.
·         Izoard: rotas las cadenas de un entresijo táctico que nadie entendió, Andy Schleck se decide a volar solo, sin lastres. Con un mundo por delante, el principito luxemburgués abandona su aburguesada forma de entender el ciclismo para rubricar una jornada sencillamente inolvidable que provocó por ende la reacción, tan reclamada por la parroquia, de Cadel Evans, una contra que por cierto le significó un Tour.
·         Val di Fassa: una jornada de perfil inhumano y longitud maratoniana a puertas de la tercera semana del Giro de Italia. Su desnivel duplicó con creces la Quebrantahuesos. Una cruzada dolomítica con de 230 kilómetros y los bellísimos Giau y Marmolada por medio. Etapa que dimensiona internacionalmente a Mikel Nieve, con distancias de antaño entre los mejores y la patente sensación  transmitida por unos corredores que pusieron límites a grueso trazo a eso que llaman “humanización”del ciclismo.
·         Peña Cabarga: la Vuelta sobre la cima desde cuya panorámica se dibuja la bahía de Santander. Eso es el éxtasis si el líder lo porta uno de la casa. Juanjo Cobo, de rojo y enrojecido por el esfuerzo. El bisonte embiste pero le surge un rival inglés, desconocido por muchos veinte días antes pero tremendo veinte después. Su nombre Chris Froome, pasa uno, le adelanta el otro, cortan la respiración, enmudecen al personal. En el último golpe el británico gana la etapa. El de Cabezón la Vuelta.
·         Cualquier lugar donde se haya visto ganar a Gilbert: desde la hermosísima plaza central de Siena donde le dotó de prestigio a la Eroica, “la Roubaix toscana”, pasando por el tridente de las Ardenas, sin obviar la jornada inaugural del Tour o la Clásica de San Sebastián. El campeón belga ha sido sin duda el ciclista del año dejando tras de sí improntas al nivel de las anteriormente señaladas.
Mañana más. mañana, los cinco grandes pufos del año. En la imagen Cobo resoplando en Peña Cabarga,. 
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