Richie Porte se lo juega a largo

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Que Richie Porte diga que quiere dejar el Team Sky es una buena noticia para el ciclismo. Desde tiempos inmemoriales, los equipos que aglutinan talento y bloquean carreras no han sido saludables. Sin embargo que diga que sus ambiciones mayores pasan a “stand by” hasta 2015 hace de la noticia no sea tan buena.

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Porte destacó desde bien joven. Recuerden aquel Giro loco que fue la edición de 2010. Fue maglia rosa en el tramo intermedio y maglia bianca al final. A pesar de las dificultades obvias en esa edición, sus 25 años no fueron óbices para privarle de una actuación redonda que daba a entender una magnífica proyección.

Al año siguiente Alberto Contador confirmó su militancia en el equipo danés. A pesar de lo mucho mostrado, Porte debió dar un paso atrás. Quedó en la sombra del madrileño aunque sus esfuerzos en pos de Contador no fueron excesivos. Rara vez se vio a Porte vigilar o secundar a su nuevo jefe. Fue una relación gélida, fría, transparente por lo poco que se vio de complicidad entre ambos.

El Porte gregario y leal compañero surgió en el Team Sky, y más concretamente en esa etapa que estrenó la historia de la Planche des Belles Filles en el Tour de Francia. El tren Sky marcaba por este orden la subida final: primero Boasson Hagen, posteriormente Michael Rogers, luego Richie Porte y finalmente Chris Froome. Trote que ahogaba las moscas para llevar en carroza a Bradley Wiggins hasta arriba. Pues bien si Rogers era la gota malaya, Porte significaba el martillo pues a su rueda ya sólo aguantaban dos o tres líderes. Cuando Froome aceleraba posiblemente sólo les quedara Nibali.

La eficiencia de Porte en la ejecución de su trabajo llamó la atención en contraste a lo poco que se implicó por Contador un año antes. Sigilosamente el de Tasmania estaba labrando galones que llegaron ya este año con una de las victorias más inapelables vistas en 2013: la París-Niza. Atacó entre la niebla en la jornada reina y remató en la cronoescalada de Eze. Dos golpes certeros, únicos. Dos golpes que le dieron ese “pequeño Tour” del mes de marzo.

Aunque en esos momentos el camino no le llevaba por la misma ruta que Chris Froome en Francia, al poco tiempo tuvo lugar un hecho que a más de uno incluso le haría desistir en el auxilio de su teórico líder. Vestido de amarillo, camino de la cima del Criterium Internacional, Porte observa atónico como Froome le destapa a él, y a sus rivales, todas la carencias casi sin querer y de la forma más aplastante posible.

Sin embargo el momento, aunque caótico fue bien gestionado, al punto que en Richie Porte, Froome tuvo su mejor hombre donde apoyar su vacío físico camino de Alpe d´ Huez. Omnipresente, el inglés de factura keniata debe estarle muy agradecido porque en los momentos donde el riego va justo, pensar con la claridad que demostró Porte es un privilegio.

Y en estas que el australiano piensa en 2014, y se ve pujando por el Giro en una nada sencilla contienda, por el intríngulis de la propia carrera y el cartel que se anuncia. Luego quiere estar presto en el Tour para Froome. Tras oírle será el último Tour que haga al servicio de otro. Esperemos que sus mejores años no hayan sido al servicio de otro, algo que suele pasar y de lo que sólo te percatas cuando te ves solo, ahí, liderando un equipo. Al año siguiente, y con treinta primaveras quiere liderar. Le queda año y medio para ello y sobretodo pulir muchos detalles. Entretanto Porte sigue siendo el gregario que todo líder sueña.

Foto tomada de www.diez.hn

1 COMENTARIO

  1. Você tocou em um ponto que eu nunca consegui entender. Pq o Porte teve um trabalho tão fraco ou quase nenhum apoio ao Contador, quando esteve a serviço do espanhol. E pq no ano seguinte começou a andar tanto, quanto o seu líder.

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