#Río2016 carretera, la crontracrónica

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Terminados los ecos del Tour de Francia, los corredores profesionales se han vuelto a enfrentar en un escenario un tanto diverso bajo la sombra de la emblemática e inmensa población de Río de Janeiro, con apoteósica llegada en Fort de Copacabana, punto final y trascendente de la competición de carretera, que se incluye en el calendario de los actuales Juegos Olímpicos.

El máximo galardón ha correspondido al corredor belga Greg Van Avermaet (1º), un ciclista especializado en clásicas de un solo día, que supo sacar partido a unas circunstancias fortuitas que acontecieron en los últimos kilómetros, en compañía del danés Jakov Fuglsang (2º) y el polaco Rafal Majka (3º), el gran desafortunado de la jornada, que vio ahogadas sus esperanzas a un kilómetro y medio de la meta. Cabe consignar también las caídas que sufrieron el italiano Nibali y el colombiano Henao, que también tuvieron al alcance de la mano la medalla de oro, otro desespero que quedó sin remedio.

Un recorrido que se las traía

La competición en sí con sus 243 kilómetros de recorrido, dando sendas vueltas alrededor de dos circuitos alternativos de poco más de una quincena de kilómetros, que ofrecieron ciertas dificultades, sobre todo en la parte final en donde se debía decidir en definitiva la contienda. Los técnicos en las lides de la bicicleta apuntaban que el trazado era acusadamente duro con el peso de la distancia y su configuración. Era más que probable y así fue que impusiera su ley no precisamente un velocista nato sino más bien un corredor acostumbrado a lucirse en terrenos más bien intrincados y que requería una especial habilidad en el manejo de la bicicleta. De ahí pues que el itinerario tortuoso y a la vez complicado por sus numerosas curvas complicara la vida a los concurrentes, registrándose numerosas caídas que llegaron a perjudicar incluso el verdadero sentido de la carrera.

Las pretensiones de los españoles

La prueba tuvo sus alternativas y sus vaivenes. Concurrieron nada menos 144 ciclistas, repartidos en equipos de cinco componentes, en el mejor de los casos. España, exponiendo nuestra realidad, presentaba a Alejandro Valverde, Joaquim Rodríguez, Imanol Erviti, Ion Izagirre y Jonatham Castroviejo. La escuadra en sí es la que nos convenía, quedando al margen Alberto Contador por sus lesiones sufridas en el Tour. Ahora, con todo, acaba de adjudicarse la Vuelta a Burgos, una señal evidente de que está en camino de la recuperación cara a la próxima Vuelta a España, otro eslabón a salvar, cuyo inicio tendrá lugar el próximo día 20 del presente mes, para finalizar el 11 de septiembre, en Madrid.

Los que fueron a buscar fortuna

En el transcurso de los primeros kilómetros hubo mucho forcejeo y nerviosismo en el seno del pelotón. Todos los equipos estaban muy vigilantes ante los movimientos de unos y de otros. Aunque quedaba mucha competición por delante pronto se formó un pequeño conglomerado integrado por seis animosos ciclistas, que representaban a seis naciones: el polaco Kwiatkowski, el colombiano Pantano, el suizo Albasini, el alemán Geschke el noruego Bystrom y el ruso Kochetkov, con una ventaja prudente que superaba los dos minutos. Luego hubo otros tantos intentos fallidos, en tanto que mientras, atrás, en donde se encontraban los más privilegiados o favoritos, optaban por no tomar en serio los intentos que se producían.

Pero la realidad de los acontecimientos se registró a 22 kilómetros de la línea de llegada al formarse en cabeza un grupo de una docena de unidades. En aquel entonces se jugó la primicia de la prueba, quedando descartados los considerados favoritos que pedaleaban sin convicción y siempre vigilándose mutuamente. Tan sólo el británico Froome, el hombre del pasado Tour, marcó una evasión hacia adelante que le llevó a ninguna parte. Era demasiado tarde para enmendar la sustancial ventaja con respecto a los doce que iban en vanguardia. La alternativa importante se produjo en la cuesta denominada Alto de Vista Chinesa, un punto clave que nos empezó a definir los destinos de cada uno de los ciclistas que pedaleaban en el comando de la carrera.

Al final se colocaron decididamente en cabeza tres componentes concretos que no eran unos cualesquiera. Se trataba del italiano Vincenzo Nibali, el colombiano Sergio Luis Henao y el polaco Rafal Majka. En un turbulento descenso y arriesgando al máximo, vino la hecatombe improductiva. Los dos primeros se fueron por los suelos pagando las consecuencias. Nibali, con fractura de clavícula, y Henao, afectado en la cresta ilíaca. Dos aspirantes que en un abrir y cerrar de ojos perdían lo valientemente trabajado. Se salvó por los pelos de la quema, Majka, que no le quedó otro remedio que ir pedaleando en solitario hacia adelante y pendiente siempre de un hilo. Atrás, entre siete supervivientes, surgieron con ímpetu el belga Van Avermaet y el danés Fuglsang, que se lanzaron con frenética y conjunta acción en pos del polaco. Una lucha desigual de dos contra uno.

A un kilómetro y medio de la llegada, Majka fue alcanzado sin remedio ante su esfuerzo y su desespero. Lo que él consideraba una injusticia deportiva. Pero para todos nosotros, los que seguimos las vicisitudes ciclistas, estamos muy acostumbrados a este género de jugadas un tanto malditas, perdonen nuestra encendida expresión. También Nibali y Henao pagaron con creces los platos rotos en esta fatídica jornada, una jornada que emoción sí tuvo. Todo fue un espectáculo alucinante y a la vez terriblemente ingrato. La emoción, si cabe, lo llenó todo. Ahí está en verdad nuestra disculpa a lo dicho.

Rodríguez, nuestro ídolo caído

Ante la meta de llegada y ante una multitud desbordada por el entusiasmo, el belga Van Avermaet, con casi todos los números a favor y muy ducho en estas lides, se impuso fácilmente al danés Fuglsang. Mientras el polaco Majka, desbordado por los esfuerzos dilapidados con anterioridad, dejó por delante cinco segundos a favor de sus dos últimos adversarios, significando la medalla de bronce, una distinción que no desmerece la actuación de este bravo gladiador. A continuación, lo haría un quinteto, a veinte y tanto segundos tan sólo: el francés Alaphilippe (4º), el español Rodríguez (5º), el italiano Aru (6º), el sudafricano Meintjes (7º) y el kazako Zeits (8º), encerrados, aunque no se quiera, en la decepción.

Positiva la prestación llena de ilusión desplegada por el veterano catalán de Parets, Joaquim Rodríguez, que nos ha anunciado de tiempo su retirada definitiva de esta actividad al final de la presente temporada. Quería bordar su fin con ribetes de oro ¡valga la palabra! Pero no pudo ser. Por otra parte, su compañero de fatigas, Alejandro Valverde, su ayudante comprometido, no tuvo en una palabra su día y se sintió incapaz de secundar los esfuerzos que Rodríguez bien necesitaba en los momentos culminantes de la prueba en cuestión.

¿Quién es Van Avermaet?

Nació en la población de Lokeren, que cuenta con 40.000 habitantes. Esta localidad, según recordamos, en una visita que realizamos un tanto casualmente, posee un carillón inédito dotado de 49 campanas, un equipo que nos llamó poderosamente y que aquí intento dar razón o llamar su atención. Greg Van Avermaet pasó a ser ciclista profesional en el año 2006. Sus aptitudes se amoldan con preferencia a las carreras llamadas clásicas, léase de una sola jornada. Cabe destacar sus frecuentes victorias de etapa en pruebas de largo kilometraje.

No es un corredor que reúna un amplio historial, aunque se ha hecho notar en repetidas ocasiones. Actualmente posee 31 años, perteneciendo al equipo BMC Racing Team, cuya sede central está en la ciudad de Santa Rosa, en la región californiana (USA). Tiene una buena estatura: un metro con 82 centímetros y un peso oscilante alrededor de los 75 kilos; es decir, se le califica como un potente rodador.

Mencionemos su victoria en la París-Tours (2011), la Vuelta a Bélgica y la novena etapa en la Vuelta a España (2008), con final en Sabiñánigo, debiendo adicionar el de que ganara, además, la clasificación por puntos. También venció en una etapa, que culminó en la localidad de Rodès, en el Tour de Francia (2015) e, igualmente, este año, al adjudicarse la quinta etapa con final en Le Lioran, en el Macizo Central francés, lo que le valió ostentar el codiciado liderato en la ronda gala por espacio de tres días, un honor que nos vale. Este año ha ganado el Circuito Het Nieuwsblad y La Tirreno-Adriático, por etapas. Son datos significativos a retener.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de Rio2016

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