#Rio2016 contrarreloj, la contracrónica

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Somos sinceros en afirmar que no teníamos base suficiente en considerar al corredor helvético Fabian Cancellara como uno de los favoritos en esta especialidad de contrarreloj en donde ha cosechado continuados éxitos a lo largo de su aquilatada carrera deportiva. En cierta manera y en el transcurso de esta temporada rutera ha estado algo desdibujadas sus actuaciones a raíz de varias lesiones o caídas que ha sufrido dándole a los pedales. Esta vez acaba de darle vuelta a los papeles y acaba de conquistar ni más ni menos y con desenvuelto mérito la codiciada medalla de oro olímpica en la modalidad de contrarreloj, un campo de la que ha sido casi siempre una estrella rutilante, un rey perdurable.

Cancellara, en la hora del adiós

Lo coincidente, además, ha sido que Cancellara, este ciclista de postín nacido en la ciudad cosmopolita y polifacética de Berna, que lleva sobre sus espaldas la edad de 35 años, se ha hecho con esta corona a pocos meses de haber anunciado su retirada definitiva del deporte activo, acontecimiento que supondrá un vacío en el mundo de las dos ruedas, con preferencia por sus triunfos frecuentas cosechados en las carreras clásicas y también de manera especial en las competiciones encuadradas en la modalidad común individual contra las manecillas del reloj. Son páginas éstas, gloriosas desde luego, que no podremos olvidar con el paso del tiempo. De seguro que a retazos sentiremos cierta nostalgia al rememorar lo que ha sido y lo que fue este corredor llamativo, emblemático e incluso irónico en sus comentarios siempre chocantes.

¿Quién pudo frenar el pedaleo de Cancellara?

Las características de la competición que nos ocupa nos vino a confirmar que el recorrido no fue fácil. La carretera se desenvolvía en un circuito, que se cubrió un par de veces, extremadamente sinuoso, con un par de cuestas que se las apelaba Grumari y Grota Funda, que poseían una distancia oscilante entre uno y dos kilómetros de ascensión, que se hacían notar con sus porcentajes de pendiente entre el 7 y el 9%. Su intromisión en el itinerario suponía una pesadilla que no todos los treinta y siete participantes en liza lograron salvar o superar con cierta facilidad. Estamos convencidos de que circuito fuera tal como fuera, incluso con la introducción de otras variantes, la medalla de oro no podía escapar del poder de este atleta suizo, recuperado, que ha cultivado tras sí un impresionante historial como ciclista.

En esta carrera individual de contrarreloj reservada para corredores profesionales, el veterano Cancellara nos dio, repetimos, una lección de grandeza en torno a su desahogado y pertinaz pedaleo a ritmo de molinillo, a ritmo supremo. Esta manera de correr ha sido su arma poderosa y rotunda que le ha dado la victoria. Nos daba gusto el vislumbrar la velocidad con que empujaba con sus piernas los pedales. Convencidos estábamos que el triunfador de la jornada era él y no otro ante aquella visión alucinante captada por nuestros ojos. A mitad de recorrido nuestra apuesta fue ya contundente y hasta concluyente. El desafío lo tenía ganado.

Cada país llevaba una individualidad, salvo España, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Checoslovaquia, Estados Unidos, Polonia y Bielorrusia, que hacían entrar en aquel juego vibrante del cronómetro a dos componentes. Este fue el panorama que se nos presentó ante nuestros ojos, con mucho colorido y buen ambiente, especialmente en la línea de meta.

Esta vez, con todo, Suiza estará muy orgullosa por el papel realizado por Fabian Cancellara, la locomotora de Berna, tal como le apelaban y apelan sus fieles compatriotas, vencedor hoy con todas las de la ley. Los cronómetros, las manecillas del reloj, nunca engañan.

Por otra parte, también, fue un éxito la prestación realizada por el holandés Tom Dumoulin (2º), un ciclista joven que viene sonando con frecuencia en la actualidad y que se vio superado en la segunda parte de la prueba y sin concesiones por el citado corredor helvético, con una ventaja sobrada de 47 segundos. Chris Froome conquistó un tercer lugar un tanto fortuito -medalla de bronce-, un lugar que en última instancia se le esfumó en consecuencia a nuestro representante español, Jonatham Castroviejo (4º), el vasco de Getxo, que perdió la partida y su ilusión por tan sólo cuatro segundos con respecto al ciclista británico, un tiempo suficiente para no pisar el podio, esta honorable distinción que nadie olvida así como así.

Los siguientes puestos de crédito correspondieron al australiano Rohan Dennis (5º), al polaco Macieg Bodnar (6º), al portugués Nelson Oliveira (7º) y al otro corredor norteño, Ion Izagirre (8º), oriundo de Ormaztegi. Los dos españoles tuvieron a fin de cuentas una intervención destacada entre esta serie de consumados especialistas del cronómetro que se dieron cita.

Son datos excepcionales a tener en cuenta

Al cerrar este comentario, tenemos la necesidad de dar un eco muy breve sobre lo que ha representado Fabian Cancellara en el mundo del ciclismo. Ha sido un ciclista muy considerado y que ha contado con la admiración sin fronteras de muchos miles y miles de aficionados. Su figura representaba un atractivo y siempre llamaron poderosamente a la atención sus triunfos bien logrados y bien trabajados, gracias a su temperamento inquieto y terriblemente batallador.

Nos viene a la memoria, por ejemplo, el haber sido por cuatro veces campeón del Mundo en la modalidad de contrarreloj. En el 2006, en Salzburgo; en el 2007, en Stuttgart; en el 2009, en Mendrisio, y en el 2010, en Melbourne. Posee tres triunfos en la célebre París-Roubaix (2006, 2010 y 2013), la clásica de más prestigio internacional, y tres más en la Vuelta a Flandes (2010, 2013 y 2014), una competición de alta categoría en los ámbitos de la bicicleta. Nunca está de más el saber que fue medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín (2008), individual de contrarreloj. En fin, sobran palabras y de ahí nuestro fiel homenaje al que bien se lo merece.

Por Gerardo Fuster

Imagen de @demarrajeweb

INFO

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