Roger Rivière lo hizo todo deprisa

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Años cincuenta, inicios de los sesenta: la “belle époque”. Ciclistas que eran figuras de cera, cincelados a capricho, admirados, queridos, deseados. Jacques Anquetil, todo clase, cara afilada, tez de niño. Henry Darrigade, alto, fuerte, guapete. Estragos en los corazones de las azafatas y las seguidoras. Raphael Geminiani, un tío de los de antes, corpulento, moreno, racial.

Y Roger Rivière, otro que tal, un ciclista casado con el éxito y la fama. Desde muy joven ganando, desde muy pronto siendo el foco. Recordman de la hora, le llamaban “Roi  du Vigorelli”, porque en el velódromo milánes batió el récord de la hora dos veces en doce meses, en el mismo sitio en el que Fausto Coppi lo hiciera en plena Segunda Guerra Mundial.

#DiaD  10 de julio de 1960

Tour de Francia, año primero después de Bahamontes. La carrera quema etapas y la cosa queda entre dos: Gastone Nencini y Roger Rivière. El primero había sido más fuerte en las jornadas de montaña pero el joven francés, sólo 24 años, se mantenía vivo y con opciones de cara al final, pues a una semana de París Rivière estaba a minuto y medio del líder y quedaba, encima, una crono eterna de 80 kilómetros en Besançon.

En la jornada que iba de Millau a Avignon, los compañeros de Rivière empezaron a mover el árbol. El equipo italiano se estiraba y los anfitriones comenzaron a clavar agujas en la resistencia de Nencini. En la subida al Col de Perjuret, saltaba Jean Graczyk provocando un corte entre los mejores. Rivière no andaba lejos de su compañero, Nencini, a rueda de su rival. Coronado el alto, los dos se lanzaron hacia Avignon. De repente suena en la radio: “Allo, chute de Rivière. El país se heló, el tiempo se paró. Rivière mal postrado en una cuenta no se movía. Tenía un corte produndo en la cabeza de la que emanaba abundante sangre. No se movía.

Su compañero Rostollan deshizo parte del recorrido para acercarse a su líder, inmóvil, pávido, quieto en una postura imposible. Los médicos tomaron rápido la medida del accidente. El ciclista postrado no reaccionaba, no podía mover las piernas. Tenía una doble fractura de médula. Rivière el ciclista que paró un país, antes incluso que Anquetil empezara su reinado, estaba en jaque. Nunca más volvió a ser ciclista. Su prisa por derrotar a Nencini, su prisa por ganar carreras, su prisa por acumular récords, toda aquella prisa fue su perdición.

A sus tiernos 24 años su carrera acabó y los 40 fallecería. Vino deprisa y se fue de los primeros.

Imagen tomada de pedaleoluegoexisto.blogspot.com

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