Romandía, la contracrónica

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El país helvético no es prolífero en competiciones ciclistas. Aparte de la Vuelta a Suiza, le viene secundando la Vuelta a Romandía, que esta vez celebraba su 70ª edición, con un recorrido total que acumulaba la suma de 712 kilómetros, repartidos en seis episodios.

El corredor Nairo Alexander Quintana, ya considerado como favorito de la prueba, no ha decepcionado. No ha tenido ningún inconveniente en llevar el tono de las operaciones desde muy al principio de la citada ronda, concretamente en el tercer día de carrera, en la etapa que finalizaba el Alto de Morgins, calificado de 1ª categoría, en donde el colombiano, apelado “el escarabajo de oro”, se impuso en la misma meta sobre el ruso Ilnur Zakarin, que venía de perder la etapa por cometer una irregularidad fragrante y a la vista en el último respiro. Los jueces dieron el veredicto y fueron justos en su aplicación.

Una prueba específicamente controlada

Dentro de las emociones que encierra una carrera por etapas de esta índole, hemos de convenir que la prueba, aunque contenía jornadas de acentuada dureza por los múltiples puertos de montaña que se debieron saldar sin contemplaciones, no fueron notables diferencias de tiempo sufridas entre unos y otros concurrentes. Por lo menos si nos atenemos a las diez primeras plazas de la clasificación final, que tuvo como escenario de apoteosis la ciudad de Ginebra, apoteosis un tanto disminuida por las condiciones climáticas adversas y agudizadas por unas lluvias impertinentes, provocadoras de varias caídas.

Afectado fue el corredor español Ion Izagirre (27 años), oriundo de la localidad vasca de Ormaiztegi, que aunque salvó su tercer puesto en la tabla y podio, debió ser hospitalizado en última instancia, no pudiendo recoger la distinción de la que era merecedor. Reafirmando lo dicho, debemos señalar que han sido seis los ciclistas que han copado los primeros puestos de la clasificación encerrados en el cómputo de tan sólo un minuto de tiempo.

Dígase de una manera u otra la verdad cierta fue que todas las etapas tuvieran intrínsecamente cierta dureza, especialmente la calificada como etapa reina, la del penúltimo día, que finalizó en Villars-sûr-Ollon, con la ascensión por dos veces del coloso Puerto de Barboleusaz, no contribuyó en gran manera a mover las cosas tal como estaban. Muchos aficionados hubieran deseado dilatar en buen grado la emotividad de la prueba bajo otros derroteros más relevantes.

Cuando en una tabla clasificatoria pasan los días y las diferencias de tiempos entre unos y otros ciclistas son mínimas, uno parece escurrirse del evento y se pone a hacer cábalas en torno a las bonificaciones que se han concedido día tras día en el curso de las diversas etapas que se han ido disputando. Al ganador de la etapa, así lo decía el reglamento, se le asignaban diez segundos de bonificación; mientras que al segundo se le daban seis, y al tercero, cuatro, fórmula con la que nunca nos hemos congratulado.

Es algo que hemos repetido más de mil veces hasta la saciedad. Cualquier clasificación se ha de basar en los tiempos reales mostrados por el reloj. Lo demás son adornos o florituras que no nos llevan a ninguna parte, contribuyendo únicamente a desdibujar la realidad de unos hechos. A cada final de etapa de las celebradas, nos quedábamos pendientes por saber la influencia de estas bonificaciones, una espada de Damocles que nos podía trastocar la realidad de la carrera. Por suerte, no se cumplió este tópico.

Nairo Quintana (26 años), nacido en la población de Cómbita y ciclista profesional desde la temporada de 2009, gran esperanza cara al futuro actual y reciente ganador de la Volta a Catalunya, nos confirma que es un puntal de nuestro ciclismo cara al próximo Tour de Francia. Mientras que el británico Chris Froome (30 años), otra estrella a tomar en consideración, no tendrá nada fácil su esperanza ante este panorama que se nos avecina en el próximo mes de julio.

En la Vuelta a Romandía se hicieron con las tres primeras plazas, ya lo hemos confirmado, el colombiano Nairo Quintana, el francés Thibaut Pinot, a 19 segundos, y el español Ion Izagirre, a 23 segundos. A continuación, figuran el ruso Ilnur Zacarin (4º), una revelación que se afianza, y el holandés Tom Dumoulin (5º). Mientras que siguen en la relación el portugués Rui Alberto Faria da Costa (6º) ¡vaya nombre y apellido! y el esloveno Simon Spilak (7º), que fue segundo en la edición de 2015. Los dos últimos quedan bajo el margen de algo más del minuto.

Stefen Roche, protagonizó una gesta para la posteridad

La Vuelta a Romandía se puso en la órbita ciclista en el año 1947, es decir, lleva muchas temporadas elaborando historia. El primer ganador fue el belga Désiré Keteleer en dura pugna con dos figuras de otros tiempos que lo fueron: el italiano Gino Bartali (2º) y el suizo Ferdinand Kubler (3º), que marcaron un importante hito en el mundo del pedal.

Con todo no podemos sustraernos aquí del ciclista irlandés Stefen Roche, que tuvo el esplendor de vencer esta prueba en los años 1983, 1984 y 1987. Cabe destacar, además, algo que Roche posee en su valioso historial deportivo. Constituye toda una página más que loable, una gesta establecida y condensada en el año 1987. Fue el ser vencedor de una tacada en un mismo año del Tour de Francia, el Giro de Italia y el Campeonato del Mundo, que tuvo lugar en la ciudad de Villach, al sur de Austria, conocida por su importancia en la rama de la siderurgia y de su dilatado empuje turístico que se localiza en aquella zona. Esta marca tan sólo ha sido igualada por el portentoso corredor belga Eddy Merckx, hazaña que pudo protagonizar de la misma manera en la temporada de 1974.

Ahí están de refilón los ciclistas españoles

Por naciones, siempre en torno a la Vuelta a Romandía, el número de victorias prevalece a favor de Italia, con 13. Le siguen Suiza, con 12, y Francia, con 10. Se da la circunstancia de que por segunda vez un colombiano, tal como acaba de suceder con Nairo Quintana, acaba de inscribir su nombre en el palmarés de la prueba en cuestión. Con anterioridad, once años atrás, lo consiguió su compatriota Santiago Botero (año 2005). Sus paisanos vuelven a reverdecer laureles.
Los españoles se han dejado notar en tierras helvéticas. Cabe recalcar los nombres de Francisco Galdós (1975) y de Abraham Olano (1996), que fueron primeros. Fueron segundos por méritos propios: Federico Martín Bahamontes (1963), Miguel Induráin (1992), Joseba Beloki (2000), Félix García Casas (2001) y Alberto Contador (2006). Y terceros: Francisco Pérez (2003), Alejandro Valverde (2006) y Ion Izagirre (2016). Son apellidos todos ellos que no podemos olvidar y que quedan plasmados en el historial de la mencionada prueba que nos ha ocupado hoy.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Tour de Romandía

1 COMENTARIO

  1. Comparto la decepción del sr. Fuster por las bonificaciones, ya que los tiempos han de ser los reales en cualquier carrera del deporte del pedal. Por otro lado, interesante historia la de la vuelta a Romandía, con sus 70 años de pasado. Bravo por Quintana, que culmina su preparación al tour con estos laureles helvéticos.

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