Roubaix a pelo

0
2
vistas

Este domingo es un día feliz y triste al mismo tiempo. Lo primero porque es la París-Roubaix, le llaman de mil maneras, la reina, entre otras cosas, la más dura, también. Es ciclismo al revés, que no busca la evolución y sí el paisaje más triste y gris. La tristeza viene porque es la clausura oficiosa de la primavera, una mala noticia para quienes vibramos con el traqueteo del adoquín, aunque sólo sea por la vibración de la cámara. Aunque quedan las Ardenas, aunque guardamos un atisbo de esperanza de que la Lieja vuelva a ser el carrerón que acostumbraba, no sé, ya no es lo mismo.

Roubaix es una ciudad gris, triste e incluso fea, sin embargo, para muchos Roubaix es el paraíso, el paraíso al final del infierno, una travesía que simula un via crucis, dos semanas después de Viernes Santo, que tiene una puerta, en una mina, en Arenberg el tramo que todo lo abre y todo lo revienta, aunque esté lejos de meta.

A partir de ahí es ciclismo a pelo, corrido con las emociones rebotando aleatoriamente entre cantos rodados, puntiagudos y surcos que amenazan desacabalgarte. No hay otra, ni vuelta atrás. Que es la más bella, eso lo dicen muchos, al final siempre es lo que los corredores quieran, no obstante Roubaix, todo a un día, no decepciona.

Dicen que lloverá y que el itinerario andará enfangado. Esto es lo de siempre, lo que motiva al espectador es un calvario para el ciclista. No recuerdo una Roubaix lluviosa desde aquella que ganó Servais Knaven en 2001. Knaven hoy es director en el Team Sky. Anteriormente recuerdo aquella que se llevó Andrei Tchimil en 1994 lanzando un ataque lejísimos y rodando cargado de barro y porquería hasta el anillo más famoso del mundo.

Sea como fuere es el epílogo de Cancellara y Boonen, si ambos cumplen su palabra de colgar la bicicleta, pues últimamente estas promesas carecen de mucha vigencia. Sólo esto la hace histórica. Si hemos de pedir, verles en un ultimo mano a mano de espadachines sería deseable, como que en el Etixx se desproveyeran de las estrecheces tácticas, como que Sagan destape el tarro, como que Erviti acabe lo que empezó… No quiero pronunciar mis favoritos, sólo una cosa, que el ganador haga honor a John Degenkolb, cuya ausencia se explica por lo complicado que lo tiene el ciclismo en muchos sitios.

Imagen tomada del FB de París-Roubaix