“Roubaix, mon amour”

0
7
vistas

¿Qué tiene el ciclismo que hace de lugares comunes cuñas universales? Roubaix es una fabril ciudad al norte de Francia, en los aledaños de la metrópoli de la zona, Lille, que no ejerce habitualmente atractivo sobre el turista genérico, pero que es destino del cariño y atención de medio mundo durante todo el año y en especial el día que un pelotón de posesos sale desde Compiegne dirección norte en busca del adoquín más preciado de cualquier estantería.

La Roubaix con barro, dos veces Roubaix
La Pascale fue su nombre en un inicio por ser en época pascual, luego alguien la bautizó el “infierno del Norte”, un lugar alejado del paraíso, equidistante entre el infierno y el purgatorio. Esa ciudad del textil, en el umbral con Flandes sur, más cercana de Bruselas que de París, la segunda patria de los locos flamencos que enlazan cánticos y enarbolan leones sobre fondo amarillo cercando el polvoriento y sediento camino. Ese que seca gargantas, donde ruje la marabunta, por donde fluye cerveza, entre roulottes y zanjas, al calor de las televisiones espontáneas, en las cunetas de los tramos cinco estrellas, aquellos que sin quererlo, como por arte de magia descuelgan miembros, deshilachan grupitos, machacan cuerpos, engrandecen espíritus,… como dice un cartel a la entrada de Arenberg: “Aquí tenéis la puerta del infierno”.
La Roubaix vigente es una carrera que podría estar en los anales si en las piernas de Tom Boonen reside el ápice de energía necesario para calzar su cuarto adoquín doméstica. Ojo por que lo que en otros deportes fueron denominados récords míticos, aquellas gestas que acuñaron personajes como Jesse Owens, com Bob Beamon, como Ivan Lendl, como los más grandes. El llamado gitano, aquel armario de 4 x 4 bautizado Roger De Vlaeminck, puede tener visita allí arriba. Sus cuatro triunfos pueden ser equiparados por el ya no tan chaval Tom, quien hace diez años entraba en el podio del más grande entre los monumentos a rémora del maestro Museeuw, maestro entonces, con ese león en la testa, y con alumno aventajado ahora. Todo el año esperando esto. Como siempre diremos, “Roubaix, mon amour”.

Deja un comentario