Roubaix, la contracrónica

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Bella estampa la que nos ha mostrado el germano John Degenkolb ante la exhibición desenvuelta que nos ha mostrado, todo un recital de potencia, en la fase final de una emotiva París-Roubaix, que acaba de cumplir su 113ª edición, producto de un largo y recargado historial deportivo. Cabe convenir que la citada competición ha acaparado una emoción sin límites especialmente en la última decena de kilómetros que aparecían del todo indecisos ante la incógnita de saber quién podría ser el inminente vencedor. La última parte de la carrera, repetimos, fue un espectáculo digno de contemplarse por la movilidad constante de los diversos protagonistas frente al esfuerzo final.

Espectáculo acompañado en justa medida por el clamor constante de los miles y miles de aficionados apostados al borde de la carretera con no poco y sí desbordado entusiasmo. Quedaron a fin de cuentas en plan selectivo siete ciclistas aspirantes a la victoria, que era lo que en verdad dilucidar ante nuestros ojos.

La París-Roubaix es la madre de todas las clásicas e indudablemente la más cotizada de las carreras de un solo día. El triunfar en Roubaix constituye una página incomparable, dejando aparte lo que significa, por ejemplo, un Tour de Francia o un Giro de Italia, que pertenecen a otro ámbito por su largo kilometraje y por sus etapas.

La incertidumbre de un resultado

Disfrutamos vislumbrando el pedaleo firme que imprimieron el trío que se formó en cabeza, a 6 kilómetros de la meta, integrado por los belgas Lampaert y Van Avermaet, que pusieron mucho tesón en aquella fuga hilvanada a última hora, a los que se le unió pronto el germano Degenkolb, un hombre peligroso que tenía en sus manos las de ganar. Faltaba ya muy poco para pisar la línea de llegada emplazada en el velódromo de Roubaix. Al trío de cabeza formado casi en el último respiro, golpe inesperado, se unieron a continuación otros cuatro mosqueteros más que no daban por vencida la partida.

Se trataba del checo Stybar, el holandés Boom, el suizo Elmiger y el belga Keukeleire. Si en aquel momento nos hubieran preguntado quién merecía más el triunfo, habríamos apostado por Degenkolb, declarado vencedor, vencedor en una gran jornada dedicada a la bicicleta. No había vuelta de hoja. Nuestro juicio se basaba en lo que habíamos contemplado en este último capítulo que pudimos vivir y disfrutar muy de cerca.

Los antecedentes preclaros de Degenkolb

El corredor alemán, nacido en la ciudad de Gera, que se localiza en el estado de Turingia, lleva sobre sus espaldas 26 años, que no son muchos. Es profesional desde el año 2008. Mide un metro con 80 de estatura y pesa 79 kilos, es decir, posee un cuerpo de evidente envergadura. Es un corredor específicamente de carreras de un solo día, con dotes fehacientes como velocista. Aparte de dedicarse al ciclismo, ejerce en sus ratos libres como policía municipal. Actualmente pertenece al equipo con sede en Holanda, el Team Giant-Alpecin. Siempre es loable el recordar sus victorias precisamente en la Vuelta Ciclista a España. En el 2012, se llevó de carrera cinco etapas, mientras que en el año 2014, venció en otras cuatro, logrando, además, inscribir su nombre en el primer lugar de la clasificación por puntos, galardón final.

La París-Roubaix, en fin, es una clásica de dureza atroz, atroz si tomamos en consideración que cuenta con 52,7 kilómetros de piso adoquinado o denominado comúnmente “pavés”, que se reparte con intermitencia en veintisiete trazos, un tormento constante para los ciclistas que van asidos fuertemente a los manillares de sus bicicletas, con voluntad férrea y soportando la vibración impuesta por los citados adoquines, la pesadilla agobiante del día que hay que soportar quieras o no.

Un triunfo digno y una clasificación

Nos alegra el haber podido presenciar la victoria justa y bien cincelada por el ciclista alemán John Degenkolb, que lleva una temporada realmente llamativa. No hace mucho, a principios de temporada, se adjudicó la Milán-San Remo, la clásica de la primavera, y, ahora, acaba de redondear su apoteosis al triunfar en la actual París-Roubaix. No se puede pedir más. Tras él, también subieron al podio el ciclista de la República Checa, Zdenek Stybar (2º), bien conocido por sus habilidades en la especialidad de ciclocross, y el belga Greg Van Avermaet (3º). A continuación puntuaron el holandés Lars Boom (4º), el suizo Martin Elmiger (5º) y los belgas Jeus Keukeleire (6º) e Yves Lampaert (7º). El resto del gran grupo, muy desperdigado, fue llegando con el consabido sufrimiento en su cuerpo a la meta, atenazado por los mil esfuerzos derrochados.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de www.letour.fr