¿A qué sabe una medalla paralímpica?

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¿Una medalla de plata? Sabe a trabajo bien hecho. Una felicidad enorme. Hemos acabado nuestro primer ciclo paralímpico, consiguiendo todos y cada uno de los retos que nos proponemos. Y esto no acaba aquí. 

Cómo olvidar la carrera. Eran cuatro vueltas completamente llanas para completar los primeros 60km y otras dos a un circuito bastante exigente para llegar a los 120km de la prueba.

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Tras una salida con bastantes nervios, con algún que otro problema mecánico, ya en el quinto kilómetro nos metemos en una fuga con todos los favoritos y los que más van en llano. Empezamos a coger diferencias y paran la carrera. Si, sí, la paran, se acerca una moto y dice que volvamos para meta, no hay ambulancia y no se puede continuar. Al finalizar la prueba nos enteramos que fue por la muerte de un corredor iraní.

La carrera vuelve a empezar pero han recortado una vuelta llana, sólo son tres. Son 45 kilómetros de nervios, con arrancadas por el llano que te ponían el corazón al máximo, sin dejar de vigilar a los rivales directos y sin darles un metro de margen. 

Pero conseguimos nuestro objetivo, salimos del circuito llano sin haber perdido la carrera, sin haber dejado una fuga grande que te pueda complicar las cosas y principalmente con todos los favoritos en nuestro grupo.

Al empezar los repechos ya se vio que los tándems holandés e inglés son los que más querían apretar. Pero en el repecho de Grumari, con rampas del 20% nadie nos podía seguir, las dos vueltas subimos escapados, solos. Así en el llano podíamos analizar la carrera y ver como venían.

En el último puerto y viendo que algunos rivales venían muy cerca, volvimos a apretar y nos fuimos con el tándem holandés.  La llegada con ellos al sprint siempre es complicada, si que es verdad que un año atrás, los ganamos y fuimos campeones del mundo, pero esta era una llegada muy recta, de potencia. Lo intentamos, le dábamos a los pedales tan fuerte como podíamos pero fue inútil, a falta de 150 metros nos remontaron y nos teníamos que conformar con ser segundos.

En un primer momento la sensación es extraña, al principio tienes un gusto amargo, porque se nos acaba de escapar un oro por muy poco, pero conforme van pasando los minutos te empieza a entrar mucha felicidad, más cuando ves a la familia que está muy emocionada por lo que hemos logrado, cuando ves al seleccionador que también te felicita… Minuto a minuto empiezas a asimilar lo logrado.

El podio es genial, qué felicidad y qué tranquilidad sientes cuando agachas la cabeza y sientes como la cinta de la medalla roza tu cuello, cuando empiezas a sentir el peso de la medalla, no son 500 gramos de peso, son años de duro trabajo, sacrificio, dedicación.

En esos momentos no imaginas hasta dónde llega lo que has hecho. Tú estas allí, corriendo, en tu mundo, con tu gente, con los mismos rivales que ves cada año en el mundial.

Cuando enciendes el móvil, empiezas a ver la repercusión. Gente felicitándote, gente que que celebra tu medalla que ni nos conocen personalmente. Y lo mismo cuando empiezan a llegar noticias de prensa.

Ya de vuelta, en Barcelona, tuvimos una recepción espectacular, con la familia que es lo más importante y lo que estás deseando ver después de tantos días. Esta vez tuvimos hasta batucada. Vamos, un show. Es fantástico sentirse tan importante por un momento.

Como acto principal hemos tenido una recepción con el Rey. Pero también entrevistas en los medios, radio, periódicos y TV. más alguna recepción en ayuntamientos como por el de Manresa, pues Ignacio nació allí, en poco vamos al de Esplugues. Yo aún espero que digan algo del ayuntamiento de Vilanova i la Geltrú, en fin, es una lastima pero con el ayuntamiento de mi pueblo siempre pasa igual. 

Para nosotros esto, no acaba aquí, esto sigue, nosotros seguimos, de hecho aún somos los actuales Campeones del Mundo y en Agosto del 2017 tenemos que revalidad nuestro titulo. 

Y sí ya pensamos en Tokyo 2020, ahora ya podemos decir que seguimos. Justo cuando se apagó el pebetero nos dijimos que en Tokyo queremos volver a sentir lo vivido en Río. Nos esperan cuatro años de duro trabajo, pero es lo que nos gusta, disfrutamos y encima se nos da bien.

Por Joan Font

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