Peter Sagan necesita consejo

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Peter Sagan es un ciclista que no admite grises, es negro o blanco, sin escalas, ni matices. Se trata de un corredor cuya precocidad, cuyo sino afortunado, puede acabar siendo su mayor enemigo. Aglutinador incansable de victorias, siempre se le pide más, se le exige más, se espera más de él. Pero nos olvidamos que aunque más de sesenta victorias cuelgan de su bagaje, este ciclista vistió en el pasado Tour el maillot blanco de mejor joven en alguna jornada.

Y ello implica, obviamente, que está tierno, como Bardet, como Kiatkowski o como Pinot, ganador final de esta clasificación. Sin embargo, y a pesar de ello, no valoramos ese excelso palmarés y sí encontramos taras, como impertérritos inspectores de Hacienda, en busca de la anomalía, cuando posiblemente la anomalía sea él.

Omitiendo su vertiente publicitaria –se le reprocha que haga caballitos cuando esas frivolidades encantan a sus mecenas-, Peter Sagan está cuajando un año, el presente, lleno de buenos puestos pero menos victorias que en temporadas anteriores. Sin embargo no olvidemos que este ciclista lleva triunfos parciales en Suiza, Tirreno, Omán y California, ganó e E3, la semiclásica premonitoria de otros grandes triunfos, y el maillot verde del Tour por tercera vez consecutiva, algo que sólo Eddy Marckx y Erik Zabel habían alcanzado y que ni siquiera el gran especialista, Sean Kelly, logró igualar.

En el Tour, Sagan nadó en la ansiedad. Su cara en la entrevista posterior a cada etapa reflejaba una frustración difícilmente entendible en alguien de su edad y con su bagaje. Completó once etapas entre los diez mejores y cuatro de ellas segundo. “Quizá el año que viene gane diez etapas” dijo agobiado.

Quizá ahora muchos le recuerden cuando sumó dos etapas fáciles hace dos años en el Tour cabreando al propio Fabian Cancellara, pero lo cierto es que en este Tour se pudo ver lo difícil que es manejarse entre los mejores llamándose Peter Sagan. Igual que en San Remo o que en Flandes. Sagan está marcado y ese peso le lastra, mucho. A su listado de verdugos Sagan sumó los nombres de Alexander Kristoff, Marcel Kittel y Mateo Trentin.

Quizá Sagan necesite consejo, una mano amiga que le dé aplomo y seguridad. Para mí el consejero ideal sería Oscar Freire, sí el tricampeón del mundo, un ciclista que moría con su plan aunque fuera descabellado o irrealizable. Freire se jugó sus mundiales al sprint, ganó tres y perdió otros tantos, incluso en ediciones que se le vio que subía como los mejores, sino mejor, Freire no viró su plan y delegó en otros las responsabilidad de tomar fugas, montar cortes y esas cosas. Sagan en este Tour ha estado al caldo y las tajadas. La etapa que le ganó Trentin fue un ejemplo de esa ansiedad. Tiró en el último puerto, se metió en el corte, dio relevos y cuando quiso disputar el triunfo: pólvora mojada.

Cannondale es un buen equipo pero quizá insuficiente para amarrar los muchos enemigos que este ciclista se ha granjeado. No sabemos qué le deparará el futuro, se habla de Tinkoff, pero sea como fuere este 2014 está marcando por primera vez los límites de Sagan, cabrá ver si es capaz de romperlos, y hasta la fecha todo lo que se ha propuesto lo ha logrado.

Foto tomada del Twitter del Tour de Francia

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