Sagan derribando muros

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Estos días andaba dándole vueltas ¿qué final era mejor para Flandes? El  clásico, con su capilla, o el de los últimos años. Recordaba las ediciones de 2010 y 2011. Grande Fabian Cancellara, en ambas fue protagonista. En la primera protagonizó uno de sus pocos duelos a pelo con Tom Boonen, ganándole por la mano, de forma clara, tanto que surgió aquello del motorcillo, ampliamente divulgado una semana después en Roubaix. Al año siguiente, una edición memorable, Boonen saltando a destiempo, alimentando a fiera y arruinando la carrera de Sylvain Chavanel. Cancellara lo reventó todo, y Nuyens se llevó el premio.

En este Tour de Flandes, la edición número cien, Fabian Cancellara también fue protagonista, personaje clave, y no siempre tiene que estar presente en carrera. A veces es influyente por omisión. El movimiento clave de Flandes ha sido ha más treinta kilómetros de meta, cuando Peter Sagan y Michal Kwiatkowski, los dos ciclistas que salvan la nueva generación, se sacaron de la manga el corte que todo lo precipitó.

Los dos últimos campeones del mundo levantaron Flandes, surcos de pasión y nervios entre el Viejo Kwaremont y el Patenberg. Vanmarcke les quiso seguir, les pudo seguir, pero a este corredor le falta grandeza, tira y se vacía cuando no debe, y hace lo contrario cuando tampoco debe. Así le luce, a él y a su equipo, casi siempre de vacío.

Se como fuere el “jaque” estaba planteado, faltaba el “mate” y este Sagan desencadenado lo dio en el momento clave. En el Patenberg, ahí donde Cancellara le dio “matarile” años atrás, el campeón del mundo se cobró su presa, sirvió su venganza y voló solo.

Y entonces entendimos que el nuevo Tour de Flandes merece la pena, aunque nos siga apenando ver la capilla en otras carreras, y eso que hemos tenido que esperar entre tediosas carreras. Se dispuso entonces un monumento en toda su extensión, una persecución, a pelo, sin condón, con todo. Sagan vs Cancellara por las rectas de Flandes, con matizados relevos de Vanmarcke para el segundo, y lo que en otras ocasiones se hubiera decantado a favor del suizo, se decantó a favor del eslovaco, porque un monumento es eso, dureza extrema a la máxima expresión abriendo el abanico al máximo.

Flandes fue grande de nuevo, desmintiendo nuestros peores temores, porque al margen de los recorridos, los ciclistas hacen las carreras. Hubo altura de miras, y ahí estuvo el resultado. No fue sencillo, en Sagan se concitan tantas miradas que la presión es un plomo.

Ya tiene su monumento, le ha costado, pero ojo, a muchas otras carreras, Sagan le añade Flandes, Mundial, Harelbeke y dos Gante-Wevelgem. Poco a poco, sigue siendo tan joven que tiene margen, no hay otra.

Este Flandes es otra muesca de monumento sin ganar en Team Sky, que partía con el equipo más potente sobre el papel, otra muesca en la primavera vacía del Etixx, equipo que esta vez ha pasado de relleno, una muesca, menuda muesca, en Imanol Erviti, que se ha cascado una carrera memorable, y una losa en Greg Van Avermaet, que pasó de todo a cero en un momento, en un afilado asesino que se cargó sus sueños y la mitad de su equipo. En Roubaix más, será el momento de las venganzas.

Foto tomada de Tinkoff

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