Sagan está de vuelta

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Hace un año por estas fechas, incluso menos, durante el Tour de Francia pasado, exactamente, hablábamos mucho de Peter Sagan, un ciclista agarrotado por la carencia de victorias, esas que perseguía y perseguía pero más pronto que tarde se le escapaban de las manos. Tras una primavera desesperante –si hasta llegamos a pensar que se había quedado para selfies-, un respiro en California, la montaña rusa de este eslovaco tomó velocidad de vértigo con una colección de segundas y terceras plazas como pocas veces habíamos visto. Un mal presagio que se rompió en la Vuelta, aunque por poco rato, pues acabó peleado por un percance con una moto.

Aquel Sagan era la secuela de un ciclista que venía de años en los que ganaba incluso cuando no se lo planteaba. En su primer Tour ya fue maillot verde con tres etapas, algunas levantando las iras de compañeros de profesión como Fabian Cancellara, por sus celebraciones. Aquel ciclista ganaba a manos llenas, etapas de media montaña, sprints ante velocistas natos, escapado,…

Siempre ocurría que cuando disputaba un monumento se le apagaban las luces, como un presagio de la sequía que habría de seguir a esos años de “vacas gordas”. Pero esa sequía tuvo un lugar y fecha concretos para su fin: Richmond finales de septiembre del año pasado.

Y ahora Sagan está de vuelta. Ya veis él ha ido y ha venido. Y tiene sólo 26 años. Precoz es poco. Estamos ante un ciclista sin cuya presencia no se entenderían muchas cosas de este deporte. Por ejemplo, una primavera como la anterior en la que no se desesperó por las segundas plazas en Het Nieuwsblad y Harelbeke, antes de tener su “gran día” en Flandes, vestido de arco iris y deleitarnos con una de las mejores maniobras jamás vistas cuando esquivó a Cancellara accidentado en Roubaix.

Tras ese ciclo de clásicas infernales, Sagan tomó resuello, volvió a California y en Suiza vuelve a las andadas, a ese ciclista que quiere récords anotadores ganando a espuertas y de las formas más inverosímiles posibles. Y encima con lo que para muchos ha sido un lastre, el maillot arco iris.

Mirad los últimos doce kilómetros de la segunda etapa de la Vuelta a Suiza, son de excelencia ciclista bajo la lluvia, en medio prados verdes y rivales superados por la situación, Un solo hombre, un arco iris en medio por la tormenta, sale solo en la subida, coge a Dillier y Albasini en la bajada, les saca de punto en cada rotonda, les exige relevos que mantengan con aliento una fuga más muerta que viva, relevos que llegan tarde y mal y en meta les gana al sprint. Es como si tres o cuatro corredores golpearan los pedales por Sagan. Un tipo que valió por tres.

Si la lucha por el Tour se anuncia apasionante, aderezándola con Sagan puede regalarnos un mes de julio antológico.

Imagen tomada del FB de Tinkoff

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