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Sagan no le hace ascos a nada

Mundo Bicicleta

Sagan no le hace ascos a nada

Otra clásica de primavera, otro monumento, van dos en dos días consecutivos. Show must go on. Como decía Nico Van Looy, la Kuurne-Bruselas-Kuurne, queda opacada por la Het Niuewsblad, la apertura del telón, una carrera que esperamos tanto, que a veces no reparamos en un su gemela del fin de semana.

El año pasado en Kuurne vimos una de esas exhibiciones que gustan. Jasper Stuyven no rodó, fluyó hacia la meta de Kuurne, el día después que Van Avermaet diera cuenta de Sagan en Gante. Ayer ocurrió lo mismo, como si Sagan no supiera de las claves de la llegada de Het Niuewsblad, como si su ansia le nublara la memoria.

Pero si algo tiene Sagan, algo poco común en este pelotón de autómatas dirigidos por alguien que tiene un micro desde el coche y reparte órdenes como si jugara la Procycling, es que tiene personalidad. Desconozco cómo será en persona, si será simpático o no, si atenderá como merece la ingente masa que le sigue, si es proclive en las salidas, no como otros que al parecer van con escolta para que no le atosigue la marabunta.

Descnozco todo eso, porque lo que tiene Sagan es una personalidad que no es personadlidad, es un rodillo, que imprime y marca, que condiciona carreras y seduce al aficionado. El otro día lo dijimos, la primavera del año pasado fue de Sagan, todo pasó en lo que sus piernas quisieran, ganara o no. La que acaba de comenzar le tiene como elemento perenne, fijo e impertérrito.

Peter Sagan ya tiene su primera clásica de 2017. No había ganado aún. El Bora, cuya apuesta por el mejor ciclista del mundo podemos imaginar, estaba paciente esperando este momento, tras varias segundas plazas tras Ewan en Australia y en Gante superado por GVA, porque si algo tiene Sagan es que no se amedrenta. Disputa etapas a Ewan en su tierra y le gana sprints mundiales a Cavendish en Qatar, lo mismo que busca llegar escapado por las rectas de Flandes.

Las rectas de Flandes, ay esa icónica imagen. Hoy camino de Kuurne ya hemos tenido algunas, desde el helicóptero volando bajo, en un paisaje algo atiborrado de motos, para nuestro gusto, pero que dibuja persecuciones, tiras y aflojas de grupos más o menos numerosos tirando como si el mundo se fuera a acabar.

Y no era sencillo el papel para Peter Sagan, muy generoso la víspera y acompañado de viejos rivales en la ruta hacia Kuurne, por ejemplo de Matteo Trentin, el ciclista que le ganara por la tangente en el Tour. Trentin era uno, Stuyven, todo elegancia, Benoot, futuro esplendoroso, y Rowe, el galés que opta a emular a Geraint, los otros.

Al final se impuso la cordura y Sagan emergió, claro que no es sencillo. Tiene que armar el corte, mantener animado al personal para que tire y luego remacharles en meta. Mérito tiene, incluso apellidándose Sagan, el que al final sabe hacer todo.

Imagen tomada de Bora-Hansgrohe

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