Samuel Sánchez recupera la esencia de los “matadores de sprints”

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Bonita tarde de ciclismo en Badalona. Tiempo cuasi veraniego, viejos y nuevos amigos a saludar,… “Hacía tiempo no veía tanta gente en un final de Volta” me decía mi amigo Carmelo al abrigo de la línea de meta, privilegiados en el momento de ver a Samuel Sánchez cruzar la meta eufórico.
En este blog negativas han sido algunas las indicaciones que hemos dado del carismático líder de los naranjas. Quizá por que desde los JJOO esperamos el momento de su explosión, puede ser por el aprecio que le confesamos o a causa de las posibilidades que le adivinamos, nuestro tono crítico con el bueno de Samu en ocasiones ha levantado ampollas, nos consta. Sin embargo esta vez es diferente. Samu atacó, no postuló maniqueísmo, se empleó, quiso el triunfo, lo apuró y ahí estuvo hasta el final.
Pepe Recío, a la derecha de Perico
Una victoria de las que siempre de él esperamos. Movimientos  certeros, matadores. Como en aquel Mundial de Salzburgo, cuando reventó la carrera a poco de meta y sólo le siguieron Zabel, Bettini y Valverde. Como poco antes había hecho en ese descenso apocalíptico de Cuenca. Samu volvió a encandilar con esa apuesta a todo o nada emergiendo una modalidad, la de “mata sprints”, que hacía tiempo no apreciábamos.
Puede ser que haya influido la patente ausencia de sprinters de primer orden y equipos que trabajen como en otros entornos, no obstante la esencia de esos ciclistas capaces de joder la llegada masiva a puertas de meta, tan olvidada en los tiempos recientes por esos rodillos llamados HTC, Saeco o Fassa Bortolo, ha vuelto a nuestros sentidos con Samuel.
El asturiano de fortuna en Euskadi emuló en la llegada a la localidad barcelonesa esas gestas sólo firmadas, recuerdo en los años que tomaba conciencia de este amasijo de espectáculo sobre ruedas, por gente como Iñaki Gastón y Pepe Recio. Alguno más puedo recordar como Jelle Nidjam, Eric Vanderaerden, incluso el buen prologuista Thierry Marie. La verdad es que corredores con estas características fueron tan pocos, hoy inexistentes, que recordar tamañas gestas resulta complejo, casi tanto como sorprender al pelotón por encima de los 60 kilómetros a la hora.
En fechas más cercanas, Anthony Roux fue capaz de darnos una victoria de similar perfil en la Vuelta, en lo que por lo visto fue un fogonazo, y cómo no Fabian Cancellara quien adivinó el camino del éxito siendo el más señalado, siendo el más señalado pues vestía el jaune del Tour. En ese perfil encajó Alexander Vinokourov en su gloriosa victoria en París 2005. Como ven no muchos, más bien pocos, arrojo que antaño veíamos a raudales, creemos que es lo que sigue faltando para nuestra desgracia.