San Remo, la crontracrónica

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Se aguardaba con evidente interés el saber tal cómo se iba a desarrollar la clásica de apertura oficial de la temporada ciclista, la Milán-San Remo, una carrera que posee una cotizada y fructífera historia. Esta vez, las condiciones climatológicas fueron más que aceptables a pesar de los malos presagios que se habían ido formulando a la vigilia de su celebración.

En el último respiro, frente a un grupo de escogidos -eran una treintena de ciclistas- el germano John Degenkolb superó por escasísimo margen al noruego Alexander Kristoff (2º), vencedor de la pasada edición de la denominada “Clásica de la Primavera”, al australiano Michael Matthews (3º) y al eslovaco Peter Sagan (4º), que era considerado en buena ley y de buena tinta como el máximo favorito.

Destellos que animaron la carrera

Tras la puesta en marcha la carrera, se produjo una escaramuza iniciada en el kilómetro 10, que involucró a once animosos ciclistas deseosos de hacerse notar. Llegaron a poseer una ventaja máxima de poco más de siete minutos. Todos sabíamos que este botín de poco iba a servir, a pesar que más de uno se resistió a capitular frente a los acontecimientos y a la lógica imperante en esa clase de competiciones sin apenas obstáculos selectivos.

A 30 kilómetros de San Remo, en el asalto al pequeño puerto de Cipressa, se esfumó todo como el humo que se lleva el viento. El sueño que habían albergado los italianos Pirazzi y Bono, el francés Bérard y el belga Pauwels, los últimos supervivientes que se resistían y no daban el brazo a torcer, se desvaneció como por arte de magia.

La emoción de los últimos kilómetros

En ese momento de transición, allí estaba la subida del Poggio, que consta de casi 4 kilómetros de ascensión y un porcentaje medio de pendiente del 3,7%, surgió un dúo integrado por el británico Thomas y el italiano Oss, que debieron claudicar a apenas 7 kilómetros de la línea de llegada, que debía disputarse en la tradicional vía Roma, emplazada en la ciudad de San Remo, la ciudad de las flores.

La carrera, en fin, que entraba en su fase más emotiva y decisiva, acogió a un bloque integrado por una treintena corredores dispuestos casi todos ellos a conquistar la corona de laurel, la máxima distinción de la jornada. Entre los asistentes en este primer plano de vanguardia, se encontraba el español Alejandro Valverde, nuestro hombre que siempre trae esperanza, una esperanza que desapareció en el esfuerzo final. Se apostaba por Peter Sagan, velocista nato por excelencia, que en esos inicios de temporada ha estado más bien gris. Pero el pronóstico como tantas otras veces acontece no se cumplió.

El alemán Degenkolb (26 años), nacido en la población de Gera, en el Estado de Turingia, pegado a la rueda de Kristoff, su antagonista más directo, desplegó en los últimos metros toda su potencia mágica y pudo rebasar por un escasísimo margen al corredor noruego, con ventaja suficiente para conquistar la gloria puesta en juego en ese día. El tercer lugar, repetimos, correspondió al australiano Matthews, oriundo de la tierra de los canguros.

Degenkolb rompió todos los moldes

Nuestro protagonista es considerado un buen velocista. Basta contemplar su historial deportivo que cuenta con significativas victorias de etapa. Es profesional desde el año 2008. Pertenece a la escuadra Team Giant-Alpecin, radicada en Holanda. De manera escueta recalquemos que posee bastantes victorias y se le considera básicamente un corredor de clásicas. Dejó un buen recuerdo en la Vuelta a España (2012), al vencer en cinco etapas, mientras que dos años más tarde en la misma ronda española, nos asombraba con otras cuatro victorias, aparte de ganar la clasificación general por puntos. Este año lleva de bagaje un triunfo de etapa en el Tour de Dubai, la nación de los petrodólares. Aunque la fría realidad es que ha estado hasta ahora pedaleando en la penumbra. Es un corredor de cierta envergadura, con una altura de un metro con 80 y un peso de 79 kilogramos.

Un pequeño apartado para mencionar que hubo participación española. Muy escasa si se quiere. Alineamos tan sólo a siete corredores. Por tanto había poco a cortar. Alejandro Valverde se dio a ver en la parte postrera de la prueba, espoleado de cerca por compañero Juan José Lobato. Pero con la concurrencia global de 184 ciclistas, nosotros no podíamos sobreponernos con siete mosqueteros en la palestra de la lucha. Jugábamos netamente en desventaja. Hay que decirlo.

Dando vueltas a la historia de esta clásica

En la historia de esta clásica de renombre internacional, debemos destacar el de que sea el belga Eddy Merckx el que ha alcanzado un mayor número de victorias en esta prueba tan sublimada. En siete ocasiones logró ser primero, siguiéndole el italiano Constante Girardengo, con seis, y el alemán Erik Zabel y el italiano Gino Bartali, con cuatro. Por Países, sigue afianzada la nación italiana, con 50 primeros puestos. Bélgica queda distante con 20; mientras en un escalón inferior se encuentra Francia, con 12. A continuación reseñamos a Alemania, con 7, al adicionar este triunfo actual de Degenkolb, y España, con 5, gracias a la contribución mostrada por Óscar Freire (2004-2007-2010) y Miguel Poblet (1957-1959), nuestros dos paladines que son historia en el pasado.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de Facebook de Milán-San Remo

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