Se acabó el tiempo de las excusas

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La semana final del Tour de Francia empieza en domingo. Lo hace con una etapa de esas que llaman a la grandeza y altura de miras, ahora que se pide tanto estas cosas a quienes nos dirigen. Entre Bourg-en-Bresse y Culoz una tortuosa carretera por entre altos y más altos que deben poner orden en el desorden que ha tomado el Tour de Francia.

Dos tercios de carrera cubiertos y diferencias de final de carrera. Chris Froome ha sido el mejor con diferencia en este primer gran ciclo de la carrera. Arañando de aquí y allá, dio a entender que necesitaba de todo para seguir vivo en la carrera. Nada más lejos de la realidad, cuando la situación se puso a huevo dio el golpe, en compañía de su equipo, para dejar por sentado que el dorsal uno no sólo se lleva en la espalda, también se impone en carrera.

Cabrá ver lo que quieren los que vienen por detrás. Bauke Mollema es un ciclista desconocido hasta la fecha. Capaz de dejarse la piel por un top 7 en la mejor carrera, esta vez está en el podio, y ojo, con mucho margen. Casi un minuto le separa de su inmediato perseguidor, Adam Yates, en lo que supone un hito para el maltrecho ciclismo neerlandés que no pisa estos niveles desde Erik Breukink.

¿Se conformarán Mollema y Yates con lo logrado hasta la fecha? yo creo que sí, por dos motivos, porque nunca se imaginaron a estas alturas de carrera, pisar plazas de podio y porque tampoco se les ve tan distanciados del resto de sus rivales como para tomar riesgos. Ahora bien, ya sabéis, basta que digo esto, para que Mollema nos deje mal. Lo hizo en el Ventoux siendo valiente y andando pero mucho. Sinceramente lo mejor de la carrera al margen de Froome.

Por detrás debería estar la traca, la gente con ganas de algo más. Nairo Quintana no puede conformarse con ser podio, ni siquiera con ser segundo otra vez, serían tres ya, una etiqueta dura de digerir, cuando siempre dices que quieres ganar el Tour. Porque expresar un deseo es sencillo plasmaro es otra cosa. Lo llaman el #SueñoAmarillo, algo que suena erótico, pero que no vale con mamporrear cada poco con ello en twitter, hay que materializarlo. Valverde, contrariamente a lo que dijo antes de empezar, sigue vivo en la general a estas alturas. Habría que jugar, digo yo, con las dos bazas y a lo que dé, otra cosa sería tirar por la borda una nueva edición.

Nairo ya no es un crío, ha explotado tan pronto que se espera lo mejor de él en cada momento, pero no olvidemos que éste es el primer año que no opta al blanco. Los años pasan para todos. Ya no caben absurdeces, como las quejas de Unzue del peligro en la jornada de Monntpellier. Si son grandes, como proclaman, es el momento de demostrarlo. Morir con las botas puestas se dice. Otra cosa será el resultado.

Como Movistar, BMC debería no conformarse con lo obtenido hasta ahora, que ha venido principalmente de su “tercer hombre”, Van Avermaet. Siempre frío, Tejay Van Garderen es su mejor hombre en la general, pero la pegada la tiene Richie Porte, un corredor casado con la mala suerte, un tipo que en este Tour está demostrando la madurez otrora perdida por el camino. Hará algo grande o no, pero Porte no claudica, sigue ahí, lucha y trabaja su fortuna y a ciencia cierta que la merece.

El resto es una moneda al aire. Más allá de los cuatro minutos es terreno desconocido, es complicado pensar que Bardet, Aru y Martin se vean con opciones reales de hacer daño, pero cosas más difíciles se han visto.

Esperamos, deseamos, que un equipo sea el Astana de este Tour, ese equipo que, aunque todo parezca sentenciado, no desista, luche y volteé las cosas. Nibali demostró que es posible sin cascar tanto como otros. ¿Podrán demostrar lo que se espera de ellos?

Imagen tomada del FB del Team Sky

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