Se cayeron las caretas en el Giro

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A una semana escasa de aterrizar en esa maravilla barroca a orillas del Po que es Turín, el Giro de Italia goza de una definición en sus puestos clave que seguro no querrían los organizadores cuando la carrera partió de los Países Bajos hace dos semanas.

A seis días del final, podríamos decir que sólo una tropelía de Steven Kruijswijk y su equipo, ojo porque estos son capaces de lo peor, podrá apartar al neerlandés de su objetivo rosa. Más de dos minutos sobre Esteban Chaves y con los dos grandes nombres aún en liza, Valverde & Nibali, en la frontera de los tres, hablan a las claras de los parámetros de la carrera. Tenemos diferencias de final de competición a una semana para su epílogo.

Pero vayamos por partes en el destripe de esta segunda semana de Giro que ha resultado, como todo en esta carrera, apasionante. Kruijswijk lo tiene en su mano por todo. Desde la ultima semana de la pasada edición, en la que andaba tanto como los líderes, si no más, este angulado ciclista ya se postuló para la hazaña que va camino de culminar. Se le ve seguro, no titubea y nunca, nunca, nunca ha perdido la vanguardia de la carrera. Ha dejado que otros quemen sus naves, como se habrá reído en la intimidad con el papelón del Movistar, y ha actuado sólo cuando ha sido necesario: en el ataque del Giau y en la cronoescalada.

Dos movimientos, sin parafernalia ni estridencias, eficiencia orange, y liderato al canto. No sé si le hará falta mucho más, pero ofrece garantías y tiene margen. Tras él un ciclista diametralmente diferente, Esteban Chaves quien deberá valorar si lo conseguido hasta la fecha es bueno o si va a por el premio gordo. Como el holandés líder, se ha mantenido en un segundo plano hasta que ha tenido que pasar a la acción, su alegre pedaleo, su elegante silueta sin embargo no han pasado desapercibidos porque se ha mostrado un poco más que su gran rival, aunque no mucho más.

Quien no tiene nada que reprocharse es Vincenzo Nibali, el ciclista que rara vez esconde la mano cuando tira la piedra. Lo ha intentado, ha hecho lo humanamente posible, pero no había más. Tiene el mejor equipo, tiene un país detrás esperando verle arriba, pero no da buenas sensaciones, de hecho, nunca las dio ni antes ni durante el Giro. En sus ataques siempre varios le tomaban la aspiración y eso fue el síntoma de lo que pasó en el Giau. Su cronoescalada es para olvidar, pero su entrega en el tramo final de la etapa de Corvara dibuja un ciclista irrepetible, un ciclista, no olvidemos, que ha ganado las tres grandes.

Un escalón por debajo estuvo el dúo de Movistar, un equipo que no hay por donde cogerlo. A modo de resumen sólo Andrey Amador ha estado donde se le presumía, el resto, un desastre paliado por la cronoescalada de Alejandro Valverde, prueba de la clase de un ciclista con el que siempre tenemos la sensación que quema su categoría en los foros equivocados. Hablamos en un rato de los azules con más detalle, porque tienen parte de la clave de la carrera, esperar algo más allá es complicado salvo que la cuota del este, Majka o Zakarin, enloquezca o Uran busque reverdecer esos tiempos en que fue segundo en la carrera rosa.

Imagen tomada del FB de Giro de Italia

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