Se nos mueren los mayores

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Sé que diréis: es ley de vida, tiene que pasar o vivió una vida plena, pero todo ello, aunque aplastante como la lógica que dice que la hora tiene 60 minutos, no puede esconder ni si quiera matizar la pena y tristeza que nos invade cuando nos enteramos que alguno de nuestros mayores se nos va.

Ocurre, por eso exactamente igual en ciclismo, que pasan los meses y ves que el goteo escaso pero incesante de nombres que nos van dejando se hace cada vez más grande y numeroso y que aquellos que un día te abrieron los ojos de este bello deporte, que te lo explicaron y que te transmitieron su cariño por él, van dejando paso a las generaciones nuevas. Hace poco os hablaba de Joan Casadevall, en este sentido. Ahora, poco a poco, los que antes estábamos en retaguardia, pasamos a primera línea frente a todo. Como dice al principio es ley de vida.

Este mediodía recibí una llamada: ha muerto Francesc Masip, un exponente del ciclismo catalán que alargó su trayectoria durante casi veinte años englobando esas dos décadas que tenemos tan idealizadas hoy en día: las de los cuarenta y cincuenta.

Masip es hijo de los veinte, nació en 1926 en Santa Coloma de Gramenet. En su amplio historias vemos lo rico y grande que fue el ciclismo en sus años con carreras que han pasado al baúl de la historia pero que dieron forma a este deporte cuando era fenómeno de masas. Masip corrió los Campeonatos de España de montaña y el de regiones, que Paco Grande a veces nos saca en sus Conexiones Vintage, también el Gran Premio de la Santa Cruz de Figueres, el de San Juan de Eibar y el Gran Premi de Catalunya, una carrera que fue importantísima en sus años. Corrió varias veces el Tour, el de los años de Coppi, Kubler, Koblet y Bobet –el G4 como les llama Jean Bobet-, y también la Vuelta y Giro.

Mi amigo Jordi Escursell lo sacó en el documental que se hizo hace un año y medio de Miquel Poblet, hablando del “noi de Montcada”, en medio de compañeros de  fatigas del mejor clasicómano a este lado de los Pirineos. Os recomiendo ver ese documental, porque es un libro abierto de sobre la época y porque habla del momento, del ciclismo que se nos va de las manos y del que menos sabremos cuando toda aquella hornada se haya ido.

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Es ley de vida, pero cuando la luz de estas personas se apaga, perdemos aquella memoria que ellos mejor que ningún libro, relato o pedazo de papel que se les asemeje,  nos podrían explicar. Se nos van y nos dejan el vacío de su temple y compañía, pero también sin lo que vivieron y vieron, por eso, mientras estén con nosotros aprovechadlos, hostigarles, que os cuenten, que os expliquen, porque así creo que hasta seremos mejores personas.

Imagen tomada de blog.finixer.com

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