¿Cómo se recordará a Haimar Zubeldia?

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Haimar Zubeldia dejó el ciclismo en San Sebastián

Es curioso. Haimar Zubledia corrió su ultima carrera, el sábado en Donosti, con el dorsal uno, gentileza de Bauke Mollema, ganador un año antes, y consciente de que su compañero en Trek Segafredo estaba en su recta final.

Haimar Zuberdia ha dejado el ciclismo como ha estado en él, de forma discreta y casi inocua. Han sido veinte temporadas, que se dice pronto en el máximo circuito, veinte años de su vida, tiene cuarenta, pululando por el mundo, en parte de los mejores equipos, en las mejores carreras y dejando una impronta que desde fuera, como aficionado de a pie, es complicada valorar.

En Haimar todo confluye en una dirección, todo el mundo habla bien de él. Esa unanimidad se suele lograr en un caso, cuando ocurre todo lo contrario, cuando dejas muchos sinsabores y decepciones por el camino.

Decía que es curioso que Haimar se retirara con un dorsal número uno en la espalada, porque ha ganado cuatro veces en su trayectoria, la última hace siete años. Buen rodador, buen contrarrelojista, buen escalador,… pocas cosas supo hacer mal, y menos la de compañero y gregario. Por su bagaje pasaron momentos históricos como ese Astana de Contador y Armstrong, en cuyo cisma decidió irse, atención, con el americano.

De hecho si Haimar estaba en Trek era por la herencia del Radio Shack del americano. Y es que el nombre de Haimar ha estado vinculado y orbitando sobre Lance, pues él fue, con Iban Mayo, parte de la generación que venía tras los Beloki, Igor y cía a combatir la corona del estadounidense, allá por los albores del 2000.

En aquella época, Haimar irrumpió de azul de Bergara en una Bicicleta Vasca que ganó días antes de plantarse entre Hamilton y Armstrong en el Dauphiné, palabras mayores. Creció poco a poco en el Euskaltel que se hizo grande hasta en el Tour y le tuvo de punta de lanza.

Siempre recordaré esa coronilla del Tourmalet, cuando Ullrich probó a Armstrong y sólo los dos “naranjitos” Mayo & Haimar aguantaban ahí con ellos. De ese dia se dijeron muchas cosas, algunas incluso las oí de boca de los protagonistas, desde fuera nos dio la impresión que Julián Gorospe, el director de los vascos, no quiso ser Ícaro. Luego vendría el recital del americano en Luz Ardiden y la sentencia de su “no” séptimo Tour.

Ausente muchas veces, ajeno al ruido, asiduo a la segunda línea, tardaría mucho en volver a ganar, pero sin embargo amasó unos registros que a los aficionados a la estadística seguro que gustan: cinco veces top ten en el Tour, donde ha corrido y acabado todas las ediciones, a excepción la de 2010.

Fugas con Haimar, recuerdo una, con Nico Roche en la Vuelta de hace un par de años, poco más. Él fue un corredor de estar, no de figurar, un ciclistas de esos que nos preguntamos ¿cómo es posible que se perpetuara tanto en un mundo tan volátil?

Y es ahí donde queremos poner en valor al guipuzcoano, más allá de si ha subido a más o menos podios, porque en ese “savoir faire” hay oficio, “le métier” que diríamos en otros sitios, hay ciclismo mamado desde la base, cincelado desde todas las disciplinas y vivido a sangre desde pequeño.

Un ciclismo que te hace valioso, casi imprescindible, un ciclismo que surge de las tablas y del talento de ser útil, que demuestra cuán injusto es el sistema que no premia gregarios ni domésticos, cuando sin ellos no habría circo, no lo hubiera habido sin Haimar, pero tampoco sin Vicioso, sin Erviti, sin Benatti y sin otros muchos que son enciclopedias del gremio, porque con su brillo, brillaron otros.

Imagen tomada de FB de Trek-Segafredo

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