Se te echará de menos, Penkas

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No acostumbro a escuchar mucho El Larguero, a veces de forma somera y tangencial, pero poco la verdad. De las veces que he tenido ocasión de escucharlo, me encuentro en medio de conversaciones insustanciales, cargadas de frivolidad, tratando como Dioses a personas que no me merecen la admiración que los locutores les profesan, y sin mayor recorrido.

Sin embargo cuando supe que una de estas noches Pablo Lastras pasó por la señal de De la Morena no pude menos que recuperar la pieza y escucharla con la calma y cariño que merece el personaje.

Ciertamente, como preveía, Lastras no decepcionó porque en ese aspecto de rubio chulapo, de sonrisa generosa y ojos inquisidores, se esconde uno de los corredores que más he admirado durante los nada menos que 19 años que ha gastado en el pelotón profesional. Lastras es uno de esos tipos que causa unanimidad: cae a todos bien.

La entrada en el programa deportivo más escuchado de este bendito país obecedía al adiós de la vida profesional para este ciclista que formó parte de lo que una vez  llamé generación del 98 y no fue otra que la formada por Paco Mancebo, Oscar Freire, Pedro Horrillo y el mentado Lastras. Recuerdo que a los cuatro los tuve una vez en un mismo artículo y recuerdo que entre sus reflexiones siempre había un denominador común: la amargura de ver como su deporte, su vida, se echaba a perder desde el mismo momento que accedieron al campo profesional. Les tocó debutar en medio del tsunami del Festina y ese Tour negro.

Pero Lastras ha sobrevivido a los tiempos. Su objetivo ahora es poder llevar una vida de ciudadano de a pie en menos de catorce meses, es decir para enero de 2017. Su retirada, abrupta, fría, me recuerda a la de Horrillo, un tipo que es capaz de pagar una multa por no retirar a tiempo su coche del parking público de Ermua, si está a gusto contigo comentando las glorias de este deporte.

Me alegra que De la Morena se acordara de Lastras porque su conversación no está vacía, y no puede estarlo cuando tras una vida entregada al ciclismo, éste le despide sin rencor tras  un accidente en carrera que se compara a los destrozos que te ocasiona caerte desde una tercera planta. Cuando tu oficio te trata así y tú lo aceptas con el agradecimiento de los años de felicidad que te ha dado y una sonrisa que no te cabe en el rostro, esa lección vale mil vidas.

Dice Lastras que deja 635.000 kilómetros en las piernas y más de 1600 carreras. Hubo un tiempo en que supimos que cuando él iba en la escapada, la suerte estaba echada porque a su infinita aureola le añade un palmarés que es uno de esos museos que a veces te reserva la vida, pequeños, íntimos, pero cargados de calidad y cariño.

Se te echará de menos Penkas, aunque en este mal anillado cuaderno no te hayamos mencionado todas las veces que lo mereciste. Mucha suerte en tu vida de ciudadano normal.

Imagen tomada de www.arueda.com

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