¿Serán suficientes las siete vidas de Vinokourov?

0
3
vistas
No cabe duda de que las sensaciones son encontradas cuando de Alexander Vinokourov uno se apresta a escribir. Habiendo asistido a “comedietas” de dopaje, motorcillos insertados en cuadros y otras lindezas, de la mano de Vinokourov y Alexander Kolobnev nos llega lo último en historietas negras: sobornos y compra de carreras. Al parecer y como se afirma desde un medio suizo Vino amañó en plena competición con Kolo –menudos meses lleva el marcial ruso- su triunfo en la Lieja de 2010. 100.000 euros fue la suma mediada para dilucidar el desenlace, según datos del rotativo que proclama el caso. Con todos los respetos, y transcurridos veinte meses, no entendemos los objetivos de tales informaciones si no es con un objetivo de querer cargarse para siempre a este corredor.
Una crono fuera de lo normal. Albi 2007
Este “corredor-nación” que llegó al máximo nivel hace trece años vistiendo los colores de aquel mítico Casino de un tal Rodolfo Massi, Alberto Elli, Pascal Chanteur y cía, que tan mal parado salió del Tour del 98, aquel que todo lo cambió. Y es que, como si de un flashazo del destino se tratara, Vino creció en medio de ciclistas muy tocados por escándalos que finalmente acabarían por cercarle a él mismo. no obstante, y muy a pesar de lo que en otros casos algunos hubieran optado, Vino siempre volvió al tiempo que tomó poderes más allá de la bicicleta, sobretodo en la emergente economía y poderosa política de su país, Kazajistán, donde el milagro no tal.
Con Casino Vino se hizo un nombre en España ganando la desaparecida Vuelta a Valencia confirmando lo apuntado su primer año de pro. Remó contracorriente, y se anotó triunfos antológicos como aquel de Ciudad Rodrigo en la Vuelta 00 frete a la inoperancia recíproca de Laiseka y Txente. Fichó por T Mobile, equipo salpicadísimo por los escándalos. De él emergió en 2003 cuando subió al podio del Tour aprovechando el castigo del cuadro telefónico a Ullrich por su ligera vida de deportista. Acompañando a Armstrong y al mentado Ullrich en el podio de París logró su mejor resultado en el Tour. De entre otras perlas, ninguna como esa etapa cruzando París en solitario en 2005, algo no visto desde Hinault en los ochenta y Seigneur en los noventa, pero que nadie ha alcanzado nunca más.
Pasó a Liberty con la desgracia de salir expulsado de la salida del Tour 06 con todo el equipo en plena implosión de la OP que ahora han rescatado Noah e Hinault. Convencido de que no volvería a estar con Manolo Sainz en la vida, y muy enojado, montó el chiringuito llamado Astana, el nombre de la capital de su país y término asociado a múltiples negocios y menjunjes estatales siempre con el concepto petróleo directa o indirectamente en el albarán.
A la expulsión de Estrasburgo se repuso ganando la Vuelta 06, con la inestimable ayuda de un Valverde cuyos conocimientos de aerodinámicos en descenso quedaron muy cuestionados en Monachil. Parecía que aquello chutaba. El proyecto justificado en su persona donde el dinero no era problema estaba más que asentado. Llegaron al Tour de 2007 con un equipazo en ristre. Tras descartarse hacia la general final, Vino jugó a la ruleta rusa con más balas de las prescritas. Ganó la crono de Albi bajando casi parado los descensos condicionados por la lluvia y a los pocos días repitió en los Pirineos. Aquello tuvo truco: un positivo como una catedral.
Por edad y demás parecía que estábamos ante el final. Erramos. Volvió en 2010, no sin la pestilencia expresada abiertamente por sus compañeros de oficio. Llegó y ganó de nuevo por que en un ciclismo contenido como éste los valientes suelen hallar premio. Y él holló la cima nuevamente en la Lieja que ahora se le cuestiona. Ejerció de medio gregario de Contador, vistió de rosa y cuando se veía de nuevo en disposición de liderar en solitario se hizo trizas por una caída en el Tour 11. La estampa de sus compañeros sacándolo de la cuneta crujido de dolor no debía ser la última y lo hizo saber. Le esperábamos nuevamente en 2012, pero esta sórdida historia del soborno atufa. No sabemos cómo, pero no le creeremos de brazos cruzados. Los días dirán, pero Vino está acostumbrado a tener siempre la última palabra.
No te olvides del +1 si algo te ha inspirado esta entrada. Qué te cuesta. 

Publicidad

Deja un comentario