Serie 12×12: Sven Nys, un hombre capaz de eclipsar toda una modalidad

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El mundo a sus pies

Los tiempos sombríos de invierno son también para las bicis. En atmósferas densas y cargadas. Lugares pesados, de arboleda cerrada, pabellones de techado natural. Ramaje desnudo,  zarandeado por la algarabía, surcos, alambres, bastones, cintas, palos y vasos de plástico. El ciclocross es la más bella de las disciplinas ciclistas, si en plasticidad reparamos. Una modalidad desigual.

Sin embargo como disciplina estacional que se precie es complicado destinarse a ella en exclusividad. Los años postreros han traído un goteo de grandes nombres que poco a poco han fijado miras en otros escenarios. Dos campeones del mundo como Lars Boom y Zdenek Stybar suponen el último eslabón de esa cadena. Retirado Verbecken, venido a menos Wellens, los puretas de la disciplina miran , escarban ¿y qué encuentran? A Nys, siempre a Sven Nys.

El mundo a sus pies

Sven Nys es sólo una vez campeón del mundo. Numéricamente no se puede hablar del mejor de la historia, al menos no en entorchados mundiales. Su triunfo se centró en esa helada edición de 2005, donde a fuerza de mantener el equilibrio sobre un manto blanco encabezó la tremenda, una más, exhibición belga. Maillots celestes sobre “césped blanco”. Desde entonces algo, o algún rival, le ha apartado del empeño. Como en ese mundial que se escapó con Stybar y el checo ahora en Quick Step le soltó como espejo de la impotencia que recorre sus piernas cuando el maillot arco iris asoma por el horizonte.

Sin embargo, Nys es la leyenda con mayúsculas de este deporte. Amasa registros, este año, el anterior, el otro y el otro, y así desde hace tantas temporadas, conviviendo con tantas generaciones que ver algo igual, como sólo ocurre con los grandes, se tardará en ver. Nys es un asceta del ciclismo, un monje de la bicicleta. Pasan las temporadas y sigue, como siempre, ganando, dando espectáculo, regalando prestigio a las competiciones, a los rivales.

 

Permitidme plagiarme a mí mismo. Esto escribíamos de Nys cuando lo vemos competir. Es un trocito de hace un año:

 

Cuando el resto hecha bicicleta al hombro, Nys resopla, se encoge, adelanta su barbilla agarra las manetas y se mantiene sobre la bicicleta. Bascula. Se balancea, pero no se apea de la máquina. Sube la cadencia, evoluciona rítmicamente, tritura al rival cuyo pateo le pasa una factura física elevada. Luego están los tramos técnicos. En las rampas imprime ritmo, las baja como buen originario del BMX que es. Entre postes, en curva y contracurva se hace irresistible, maneja en manillar con suavidad, sin tosquedad. Su Colonago lo goza. Rompe al rival a base de giros suaves, gentiles. A ello añade dos hechos más, uno, vida monacal, cuántas Navidades sacrificadas por todo esto, dos, un contorno físico envidiable. Cien pulsaciones caen en picado cuando resopla tras cruzar la meta.

 

Esta temporada que el ciclocross celebrará su primer Campeonato del Mundo de ultramar, no se nos ocurre mejor ganador. Brindar por Nys será hacerlo por el más legendario de los modos de competición que nos regala el ciclismo.

Foto tomada de http://www.cycleboredom.com