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Serie mitos: Casi tres décadas sin el eterno Joaquim Agostinho

Ciclismo antiguo

Serie mitos: Casi tres décadas sin el eterno Joaquim Agostinho

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Si hay nombres que perduran en el tiempo, uno de ellos es el de Joaquim Agostinho. Hará, el próximo día 10 de mayo, 29 años que el ciclismo perdió el héroe portugués, pero sus golpes de pedal aún son recordados por muchos aficionados en todo el mundo.

En este deporte, un líder es grande y esa grandeza es llega también de sus gregarios. Así fue la historia de Joaquim Agostinho. En Portugal, fue aclamado por la gente llenando las calles al ser por seis veces campeón nacional en ruta y tres veces ganador de la Volta a Portugal. De igual modo, llenó el antiguo Estadio José de Alvalade, de su Sporting Clube de Portugal, en los tiempos donde el ciclismo vivía el apogeo y los estadios de fútbol se llenaban para aclamar al héroe del ciclismo nacional.

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Un líder en su país que progresó en base a duras pedaleadas a lo largo de su carrera, empezando tarde en el ciclismo, a los 25 años, pero que se hizo más grande a los 30 cuando, en 1973, se tornó gregario del español Luis Ocaña, en el Bic. Si ese año no hizo sombra a su líder, al año siguiente la historia fue otra. La genialidad del portugués sirvió para adelantar al conquense y, etapa a etapa, fue conquistando su lugar en el podio de la Vuelta a España. El segundo puesto fue suyo, solamente a once segundos de José Manuel Fuente, mientras Ocaña se quedó en la cuarta posición, a más de un minuto de su fiel gregario.

Pero el punto clave llegó a los 36 años, en 1979, el día de su triunfo en la mítica etapa de Alpe d’Huez. 167 kilómetros de gloria lusa en el Tour de France y tercero en el podio final, tal como había logrado en el año anterior, al lado del gran vencedor Bernard Hinault, una leyenda en el ciclismo mundial. Además, en esa inolvidable decimoséptima etapa, dejó sus distintos adversarios a la distancia de dos y tres minutos.

Joaquim Agostinho pareció haber nacido para el Tour… de las doce participaciones, ocho terminó en el Top 10, dos de los cuales fueron sendas terceras posiciones. Hoy, para llegar a la cumbre de Alpe d’Huez, hay que pasar por la escultura en bronce en su homenaje, en la decimocuarta curva, siguiendo la decimoséptima curva bautizada con su nombre.

Su intemporalidad quedará para siempre en la historia del Tour, igual que en su tierra en Torres Vedras donde, desde 1985, el Trofeo de Ciclismo de Torres Vedras se pasó a llamar también Trofeo Joaquim Agostinho y, desde 1989, los ganadores dejan la corona de flores en la estatua erigida en su homenaje. Para los ciclistas portugueses, ganar este Trofeo simboliza más que una victoria de una carrera… es un tributo al gran ídolo y genio de la bicicleta Joaquim Agostinho, inmortal en la memoria lusa.

 

Por Helena Dias

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