Miguel Indurain también pisó mierda

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Iba Alexandr Vinokourov con ligera ventaja. El pelotón no bajaba, volaba hacia Gap. En el gran grupo, el líder Lance Armstrong miraba con asombro su irreconocible rival de siempre, Joseba Beloki. Llega una curva no muy virada hacia la derecha. El asfalto es una suerte de caldo espeso. Las ruedas no fluyen, surcan. Horadan el pringoso elemento. El calor emprende el chorreo de alquitrán am ambos lados del tubular. Se rompe. Beloki traza con todo. Pierde el control. Golpe seco, dolor, crash. Armstrong no quiso ser el Agostinho de Ocaña y pudo esquivarlo. Se fue campo a través. El azar quiso que la ruta siguiera a sus pies metros abajo tras un viraje cerrado de izquierdas.

Quién lo diría nueve años después aquel supino ejercicio de suerte sería borrado en los despachos, pero la imagen subyace. Armstrong fue sonreído por la diosa fortuna muchas veces, hasta que un día dejó de alumbrarle. Ello sin embargo nos lleva a la vía de los campeones. Un indescifrable código genético donde el engarce se llama suerte.

Por ejemplo Miguel Indurain. Sumen el cúmulo de causalidades que se deben dar en cinco años consecutivos para conseguir aunar otras tantas victorias con todo el pelotón ansiando tu trono.

Miguel Indurain pasó por un pasaje realmente complicado que estuvo a punto de costarle carísimo. Fue en la edición de 1994. Descendía el pelotón de favoritos sobre la senda pisada por Eros Poli, aquel gigantón que besó el cielo en la cima del Ventoux camino de su etapa de Carpentras. Ascendiendo el monte pelado, Marco Pantani, entonces no despoblado de pelo por completo, probó el “jaune” de Indurain. Luc Leblanc intentó jugar a secante, pero no le fue suficiente para llegar a la cima con el mágico de Cesena.

Ya en el descenso, insertado en medio del enfilado grupo, Indurain tiene un problema. Medio pierde la verticalidad. El abismo le amenaza a su izquierda. Zarandea sobre la bicicleta. Pánico. El angelito que le cuida, restablece la verticalidad. Sí. Indurain nos dio la clave de eso que llamamos la suerte de los campeones, de aquello no palpable, pero que nos asoma a lo peor y a continuación nos retira. Miguel, como Lance nueve años después, pisó mierda.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

4 COMENTARIOS

  1. Aún se me pone el vello de punta cuando recuerdo la caida de Beloki y la suerte que tuvo Arnstrong ese día ¿Y para que? … ese Tour ha quedado en nada.
    Lo de Indurain no lo recuerdo ( tengo unos años del ciclismo un poco perdidos), o es una metafora???

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