Si el Angliru no decide, ¿qué puerto lo hará?

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Ha surgido desde hace un tiempo en las grandes vueltas una extraña unanimidad entre sus actores respecto a los grandes puertos. Ninguno es válido para marcar diferencias vienen a decir todos a grandes ragos. Mientras Giro, Tour y Vuelta endurecen sus trazados con graves desequilibrios de fuerzas entre croners y escaladores, las estrellas ningunean las subidas como en la vida se les había escuchado ante el estupor del público que se pregunta, sin ir más lejos, que si el Angliru no es decisivo, qué puerto podría serlo.
Esta estrategia declarativa toma cuerpo por ejemplo en Alberto Contador quien en sucesivas campañas comentó que Verbier en 2009, la Madeleine en 2010 y Etna en 2011 no serían claves en el desarrollo de la competición. Los hechos, tan tozudos ellos, no le dieron la razón, en todas esas ascensiones tomó la delantera y además de forma decisiva. En 2008 significó lo mismo del Angliru, y en él tomó una distancia que le resultó clave en el desenlace frente a su entonces compañero Leipehimer. A 48 horas de tomar el Angliru surgen opiniones en el mismo sentido.
No cabe duda que la acumulación de esfuerzos pasan factura, hoy por ejemplo se ha visto en Ancares donde dos grandes de la carrera como Nibali y Purito han llegado a circular con ventaja per sin con el convencimiento de apuntalar sus rentas aún teniendo compañeros por delante. Falta convicción en el pelotón, faltan ciclistas como el mentado ayer Laurent Fignon. Para algunos es necesario algo más que un simple ataque a tres de meta. Encademos jornadas durísimas, una tras otra, de forma que se necesita algo más que ataques menores sobretodo cuando una crono como la de Salamanca ha hecho más daño que toda la montaña del mundo junta.
Hoy la carrera ha transitado por una zona largamente anhelada. Hemos atravesado, con todos los respetos, uno de esos espacios conocidos como la España profunda. Un lugar verde, mágico maqueado para la ocasión, con el butanero en la cuneta, que sin embargo no ha tendí la trascendencia que merecía. La Vuelta ha hecho caso al clamor popular que advertía de la belleza del lugar. Ahora cabe la revisita, volver por aquí, por carreteras estrechas, maltrechas por el hielo, solapadas por la arboleda significa recuperar el ciclismo que queremos, el virgen, el salvaje. Los lugares existen, España tiene los puertos, como el Giro y el Tour los suyos, sólo nos quedan los ciclistas. Ahora llega Asturias, Somiedo y Angliru, ¿estará la concurrencia a la altura?.

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