Si Gaumont levantara la cabeza

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El mundo del ciclismo contó como cierto el fallecimiento de Philippe Gaumont por las redes una vez la web francesa www.cyclismactu.com confirmó un extremo que horas después se vio obligada a rectificar. Muchos caímos en el retweet  y una imprecisión contada mil veces tomó carácter de oficialidad, como píldora de precipitado que es este mundo que llamamos 2.0.

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Sea como fuere, la expectación sobre el exciclista es enorme, dadas las revelaciones que le llevaron a escribir un libro de título “Prisionero del dopaje” y las secuelas que todos le atribuyen a su mala vida y los abusos de unas técnicas que como ciclista tachó de generales. A pesar de ser vilipendiado, en el discurso de Gaumont, siempre apreciamos un quiero y no puedo respecto a los límites del dopaje, su posología e incluso inducción. Un ejercicio interesado, sí, pero a la postre saludable para este deporte al querer ir un poco más allá.

Para Gaumont las cosas no cambiarán nunca, el dopaje siempre irá un punto por delante de la prevención y esa batalla está totalmente perdida, a menos que se quiera poner coto. Gaumont comentó en su día que “tenemos un nudo gordiano con todos aquellos que siguen en este mundo, dirigiendo equipos, habiendo competido dopados”. Es decir, el ciclismo no evolucionará hasta que no se desprenda de aquellos personajes que crecieron en el entorno de la trampa.

Paralelamente a estos días de frenesí por el Giro, el ciclista alemán Andreas Klier, un buen rodador y clasicómano, de perfil muy similar al mentado Gaumont, anunció su retirada para entrar en el cuadro de directores del Garmin.

Andreas Klier nació en Múnich hace más de 37 años y accedió a profesionales en 1996 con el Team Nüremberg. Eran los tiempos de aquel “rodillo trucado” del T Mobile en cuyo seno acabó nuestro protagonista durante los años de plomo que rompieron en la desintegración del patrocinio en 2007, cuando el equipo pasó a llamarse Team Columbia. Luego pasó por el Cervélo Test Team desde donde acabó en el Garmin.

Sin juzgar la limpieza con la que compitió este corredor, el mundo del ciclismo sigue siendo circular y endogámico. Todo queda en casa. Klier convivió en esos tiempos de los que todos, incluidos los ideólogos del Garmin, malmeten. Al final ya lo ven hasta míster Vaughters, que tan limpio dice competir aunque conjeture sobre las dolencias estomacales de Wiggins, echa mano de retales de ese “ciclismo viejo” que dicen querer erradicar.

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