La exigencia sobre el deportista ha rebasado el límite de lo humano

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Medio mundo miró al cielo con la esperanza de ver al tipo austriaco caer desde 36 kilómetros de altura a la velocidad del sonido. Al final no se tiró por mor de la meteorología. Morbosos primero, luego aparentemente interesados y finalmente incrédulos, nos delatamos. Al hombre el gustan los extremos, los retos imposibles, asistir a ellos, pero de forma pasiva. De espectadores. Luego cuando ocurren las desgracias, decimos que no puede ser.

Es el pressing social, un flujo de energía no visible aunque tangible. Tanto como el aire plomizo. Queremos ver gestas inusuales. Las deseamos e incluso nos parecen más adecuadas si se hacen a pelo. El hombre contra el límite, sus límites, los impuestos por la naturaleza, los imaginados por sus similares.

Hace pocos días nos amargábamos por pérdida de una corredora de ultrafondo por las montañas. La Teresa, una experimentada runner, encontraba la muerte en la montaña en medio de una dantesca prueba a cuyos reportajes nos encanta asistir encajados en nuestro sofá los domingos por la tarde.

Somos así, no cambiamos. Pero lo peor es que no queremos tampoco. Presenciar imposibles nos pone. Ello claro se plasma en un círculo perverso: expectación, mecenas, medios, presión, trampa,… en deporte esa trampa tiene muchos nombres, el más usual dopaje. Un patrocinador que “da alas” vistiendo un evento mundial y diciéndole al austriaco que si le entra “canguelo” hay una buena suma encima de la mesa que no verá. Que un tío se vaya a la estratosfera a lanzarse al vacío habla del nivel de exigencia.

Ayer comiendo con un amigo me decía “yo sí que disfrutaba viendo a Bernard Hinault, aquello era ciclismo”. Lo era, ciertamente, a nuestros ojos. Nos encantaba ver ciclismo puro “y duro”. Eso lo echamos de menos ahora y no me tiren de la lengua pero está claro que las coordenadas no son las mismas de hace treinta años. Queremos que nuestros héroes vayan a “pan y agua” pero les pedimos que se jueguen la salud a cada curva, que entren al trapo en el repecho próximo, que se dejen la vida en esa recta. Es incongruente.

Claro con todo, no nos percatamos, si a nosotros nos parece imposible qué les parecerá a ellos. Al final, lo de siempre, si sale bien, aclamado, si fracasa: ¿qué necesidad tenía?.

2 COMENTARIOS

  1. Siento decirlo pero creo que no sólo vivimos una profunda crisis economica, si no también "tiempos absurdos". Desviar la atención del personal sobre un "posible reto" ¿deportivo?, dejando de lado los temas que de verdad interesan, sean deportivos o de cualquier otra índole… ¡como si fuese tan fácil hacer esas cosas!! .

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