Sin los padres el ciclismo no existiría, pero con ellos está en peligro

4
5
vistas

El padre. La madre. Figuras “no clave” en nuestra vida. Sin ellos no existiríamos. La debilidad del ser humano queda probada desde nuestro nacimiento. Su incondicionalidad nos saca de la total indefensión. Nos dotan de las herramientas que haremos valer en nuestra vida, que nos harán crecer.

Llegados a un punto, cuando el crío, o cría, quieren probar a ser ciclistas también los padres ejercen el papel central. El ciclismo, dicho sea sin rubor, no existiría son ellos. Algunos les meten el gusanillo al chaval. Otros se dejan inocular por el mismo por que al chaval, no sé cómo, le moló el invento. Se emborrachan de ciclismo. Lo aspiran por sus poros. El niño se convierte en su espejo.

En un momento de desprotección lógica, el padre que sacrifica las mañanas de fines de semana acerca al mozuelo a las mesas donde le cuelgan un dorsal. Pueden cruzar dos veces España en 40 horas al traqueteo de la autopista y los peajes. En las carreras se multiplican por el recorrido. Estratégicamente situados, proporcionan alimento y bebida a su crío. Le alientan.

Pero esa entrega en ocasiones rebasa límites. Como en todo. El ciclismo no es excepción. Llega un día en que el padre cuestiona lo que el técnico indica a su hijo. No es general, pero ocurre. El ambiente que un día fue limpio y transparente se enturbia.

Dicen que los vicios vienen de lejos. La corrupción del crecimiento quizá forme parte del aprendizaje, pero es feo. Y llegan los momentos tensos. Esos en que los técnicos quedan en continua cuestión, en que chazas y pullas se aprecian en el graderío de los velódromos, en las cunetas de las metas.

Mala cosa. Lo que empezó como ejercicio lúdico, complemento de estudios y expansión del chaval vira a tirantez y presión sobre el mismo. Se establece el círculo vicioso que amarga a jóvenes ciclistas y empequeñece a los muchos y buenos técnicos que corren por nuestro país. Pero no se engañen esos que cuestionan, que dicen querer el ciclismo por encima de todo no son más que falacias, tristes siluetas que prolongan en el vástago el camino que no pudieron o no quisieron seguir.

Testigo de muchas de esas riñas, oyente de interminables loas de sus críos, presente frente a charlas ante técnicos despreciados, por favor, rogamos, por el bien del ciclismo que dicen querer, den un paso atrás, queden como lo que son, padres,  y permitan que los niños vivan, por unos años, con la inocencia que se les supone este bello deporte que es el ciclismo. Luego que pase lo que tenga que pasar.

Publicidad

4 COMENTARIOS

  1. Completamente de acuerdo con el articulo.Yó a mi padre le tengo que agradecer que me contagiara la aficion y el amor por la bici,tengo que agradecerle los madrugones y las palizas de coche que se pegó por mí mientras me dejaba enseñar y aconsejar por el…todo esto mientras era infantil y era pronto para ver si su chaval era bueno ó malo,hasta aqui es verdad.Pero cuando pasé a cadetes,y empezé a corrre en un equipo,con su correspondiente director y sus correspondientes enseñanzas todo se volvió del revés,segun mi padre,lo que me enseñaba mi director estaba mal,si hacia lo que aquel me sugeria,andaba bien y me lo pasaba mejor,con el correspondiente disgusto de mi padre que consideraba que hacia lo contrario que el me enseñaba;si hacia lo que mi padre me decia,no andaba "ni pá atras",y encima se enfadaba porque pensaba que no le hacía caso…en mi caso salí adelante y no me desanimé porque mi aficion era mas grande que todo aquello junto,pero cuantos chavales hé visto quedarse por el camino porque el padre los há amargado…

Deja un comentario