¿Sirve para algo una fiesta de la bicicleta?

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Esta semana se llama de la movilidad sostenible en Barcelona. El nombre, “movilidad sostenible”, de utilizado, creo que ha perdido su esencia y en muchos casos efecto, sin embargo es interesante ver como el transporte más sencillo, que es aquel que podemos generar con nuestro propio cuerpo, sin perjudicar a los otros o al medio ambiente, sigue siendo la excepción y no la norma.

Dentro de los actos que se programaron hubo una salida popular de bicicletas por el centro de la ciudad, que recorrió diez kilómetros de la ciudad en tono reivindicativo de que esta máquina se tiene que hacer más espacio en la vía pública. En esto poco más que decir, agentes de la Guardia Urbana velaron por la seguridad de unos participantes que convocó el BACC, Bicicleta Club de Catalunya, sin necesidad de cortar calles y sí cerrando aquellas adyacentes al paso de la marca.

Así reza el comunicado que cuelga del web municipal que además recoge unas declaraciones de algún participante que hablan de “primero los peatones, luego la bicicleta y al final los coches en un baremo que comparto totalmente.

Sin embargo, no estoy tan de acuerdo con la convocatoria de la semana en sí y de la marcha en particular. No puedo estarlo y me agarro al argumentario que hace dos semanas Adri Fernández lanzó en el magazine www.ecomovilidad.net.

Sacar la bicicleta a paseo un día concreto significa hacerla una excepción en la normalidad de una ciudad. Circular perfectamente pertrechados por la Guardia Civil no es la mejor forma de transmitir los vericuetos de la conducción de la bicicleta por las calles. Como bien dice el lema: “la fiesta de la bicicleta ya es todos los días del año”. Hasta que no seamos conscientes de esa realidad, las dos ruedas seguirán siendo vistas con extrañeza por todos.

El evento en sí puede promover algo, porque en el fondo pone la bicicleta en la calle, la gente la ve y quienes se animan, acuden, pero sin embargo, como dije antes, no implica conocer la esencia de ir en bicicleta por la urbe y lo que es más importante no significa que el usuario que acude salga con instrucciones claras de qué hacer en la ciudad sobre una bicicleta, es decir, que, como bien dicen en el cuarto punto, es mucho más provechoso ir a aquellos eventos que sí divulgan conocimiento, reglamentos y trucos útiles que eviten más desgracias y sustos.

Y en definitiva porque estas celebraciones se llevan haciendo desde que la ciudad es ciudad y la bicicleta es bicicleta y persisten los mismos problemas, desde entonces, y ahora quizá más porque la vía está saturada de actores que se mueven y elementos de servicio y publicitarios que estrechan el paso. En esas reivindicaciones tampoco se abordan otros aspectos importantes y que también son movilidad sostenible” como el marco de convivencia entre ciclista y peatón, cuando es otro foco de conflictos visibles.

Si la bicicleta quiere ser la norma y no la excepción posiblemente hagan falta acciones de fondo y calado, albergamos esperanzas que lo que hace una semana nos comentaba Carlos Rodríguez sí tenga consecuencias y se plasme por ejemplo en la penalización tangible del uso del coche en las ciudades. Todo lo demás no sé hasta qué punto es útil.

Imagen tomada de www.getafealdia.com