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No nos ha venido de sorpresa el desarrollo que ha tenido la decimoséptima etapa con término en la localidad de Cassano d´Adda, una etapa casi completamente llana, salvo un puerto intermedio sin importancia calificado de 3ª categoría. Cuando no hay diseminadas varias dificultades a lo largo de cualquier etapa que sirvan para poner en aprieto a los concurrentes, la etapa, aun sometida con pedaleo un tanto veloz, se deja seducir por la pasividad o la comparsa de un pelotón numeroso.

Una vez más, dado el pistoletazo de salida, hubo un terceto que intentó acaparar el protagonismo del día con la voluntad de llegar a dónde fuera posible con el permiso previo dado por los conjuntos más representativos. Como suele sucede casi siempre los modestos que entraron en fuga acabaron la odisea a las puertas de la ciudad de llegada. En cabeza figuraban seis unidades al sumar otros tres que venían de atrás. No había entre ellos un corredor español. Era más que raro que una escapada de esta índole, matutina, llegara a buen término. Los grandes equipos saben de sobras controlar al milímetro una prueba de estas características. Todo parecía que iban a jugar la carta, sus intenciones, en el último soplo de la contienda. Pero esta vez no fue un velocista nato el que se impusiera frente al conglomerado y apretujado grupo de vanguardia.

El alemán Roger Kluge, un ciclista con 30 años sobre sus espaldas y de los que suena más bien poco, salió por un extremo de la ruta de llegada de una manera astuta y a la vez fulgurante. Oportunamente y con mucha fuerza en sus piernas inclinó la victoria a su favor. Los velocistas no reaccionaron a tiempo y se les fue de las manos el triunfo que tanto anhelaban los mismos velocistas. Del corredor germano, un veterano del pedal que conoce bien el oficio, no se podrán decir muchas cosas.

Posee hasta la fecha un historial más bien restringido, de poca amplitud si tenemos en cuenta la avanzada edad que ya tiene. Posiblemente esta victoria en el Giro contribuya a darle más vuelo cara a su futuro. El ser primero, siquiera en una jornada, es algo que da mucha moral para seguir perseverando hacia arriba, aunque pertenezca al club de los casi veteranos. Es profesional desde el año 2008. Ha concurrido en carreras de largo kilometraje y ha sido ganador en alguna que otra etapa; no muchas. En un corredor de evidente envergadura. Mide un metro con 93 y su peso oscila alrededor de los 83 kilos.

Nuestro protagonista de hoy había nacido en la población de Eisenhüttenstand, lindante con la frontera que separa Alemania de Polonia, y más concretamente en el estado conocido de Brandeburgo. Esta ciudad fue fundada por la República Democrática Alemana en el año 1950. Se la denominó en aquel entonces bajo el nombre chocante de Stalinstadt. Sin embargo, a raíz de la construcción de una importante planta metalúrgica (Se la llamaba la ciudad de la fundición de hierro), esta ciudad adquirió en poco tiempo un poder económico substancial en el campo de la industria. Se decidió, pues, cambiar el nombre de la población aludida por el que figura en el encabezamiento de este párrafo; es decir, en donde nos consta que nació el ciclista Roger Kluge. Lo que acabamos de contar no deja de ser un simple hecho delatado por los libros. Nos sirve de curiosidad y hasta de reposo para los que vamos comentando cosas de ciclismo.

La clasificación general no sufrió apenas variaciones, manteniéndose bien aposentado como líder el holandés Steven Kruijswijk, un corredor que por ahora se hace admirar por su comportamiento y la posesión de unas buenas cualidades físicas que sobrepasan la normalidad, con una alentadora capacidad de recuperación frente a los esfuerzos que este deporte de la bicicleta bien requiere. En fin, digamos que este líder actual no caerá del pedestal así como así en lo que nos resta de Giro.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB de Giro de Italia