Sólo 12 limpios de 68 podios en grandes vueltas

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El fisgoneo en twitter es deporte nacional, e internacional. Lo cierto es que la red social del pajarito nos brinda informaciones y sites que en otras ocasiones no tendríamos a nuestro alcance. Entre otras lindezas que han surgido entorno al culmen del caso Contador hemos hallado este lugar de perfecto francés con buenos artículos, donde disfrutamos de documentadas perlas.
El artículo gira sobre el fallo del madrileño arrancando con una definición de la republicana academia de la lengua francesa respecto a la entrada “mediocridad”. Pero llama la atención el cuadro que cierra la reseña. Un auténtico puñetazo sobre la historia reciente de este deporte por mucho que discrepemos de algunos de los comentarios que acompañan ciertos nombres.
El Excel en cuestión relata en orden alfabético todos los titulares de los podios de las grandes vueltas en los últimos quince años. Desde 1995 hasta hoy. Eso incluye, sí, a Miguel Indurain al que se atribuye la condición de cliente, presuntamente, de Michele Ferrari. Con el navarro arrancamos esta historia B de todos los integrantes del palmarés de las grandes. De 68 ciclistas sólo doce están exentos de sospechas. Conjeturas alcanzan el nivel de certeza. Entre los limpios de toda culpa se ubican a Carlos Sastre y Samuel Sánchez como elementos destacados de una inmaculada lista que también incluye a David Arroyo, Marzio –que no Mario- Bruseghin, Fernando Escartín, Cadel Evans, Guiseppe Guerini, José María “el Chava” Jiménez, Bobby Julich, Denis Menchov, Peter Velits y Vincenzo Nibali. Sólo estos, a juicio del autor, están libres de toda culpa. Curiosamente dos de los integrantes de esta lista, Menchov & Sastre, no estarán en el próximo Tour, al menos a priori, destapando las miserias de esa selección basada en la ética que proclaman.
Con todos los respectos, nos parece aventurar mucho que Andy Schleck manche su CV por que su hermano haya cumplimentado trámites bancariamente comprobables con Eufe. Lo mismo que otros casos que ni siquiera han sido probados, como los de Johan Bruyneel y Laurent Jalabert, acusados de correr para “chez Sainz”, algo que por ejemplo ha hecho Sastre y no se le recrimina. En esa línea se ubican otras apreciaciones. Si hasta hace poco las únicas razones para ejercer justicia era dar positivo, ¿por qué en ciclismo seguimos jugando a las adivinanzas?

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