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Sólo Porte quiere ganar el Dauphiné

Opinión ciclista

Sólo Porte quiere ganar el Dauphiné

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Qué bonito es el Col de La Sarenne, y cuánto tiempo hemos visto y presenciado las 21 revueltas de Alpe d´ Huez con esa maravilla al otro lado del monte. Es un vergel, un duro e inhóspito camino, de curvas que hacen daño y paisajes que anestesian, una fina serpiente de asfalto por un valle glaciar en su cornisa, que se pierde por entre los mundos de nunca jamás.

La etapa reina del Dauphiné no ha dado más de sí que lo que quiso el hombre ahora mismo más en formas el pelotón, Richie Porte, el ciclista que si mañana empezara el Tour sería favorito principal, que no único, porque en Porte confluyen muchas cosas, pero sobre todo una que le lastra, le deja seco cuando el reto es comandar él las operaciones en teatros grandes y ojo, porque nunca lo tuvo como este año.

El Dauphiné es una carrera prestigiosísima que en ocasiones palidece ante la grandeza del Tour de Francia, la prueba que además le posee a nivel accionarial y de facto. Altos como la Toussuire se probaron aquí primero, lo mismo que se descubrió la propia Sarenne o se presentó el Mont du Chat, un monte que si por su subida enamora, no digamos por su descenso.

Sin embargo ese influjo Tour a veces se hace más acusado, y este año es terrible lo que pesa la “Grande Boucle” en el ánimo y las piernas. El Dauphiné se ha convertido en un juego de ajedrez de teatro y representación, una suerte de “quiero y no puedo” porque en definitiva nadie quiere desvelar su momento y mucho menos sus intenciones.

Es legítimo, qué duda cabe, que cada estrella guarde y mida, porque el Tour le quite el sueño, pero también es legítimo que como amantes de este deporte, y el Dauphiné es patrimonio ciclista, lamentemos este escenario.

Porque sólo Richie Porte parece haber tomado en serio el envite, y cuando digo tomarse en serio, me refiero a competir con todas las de la ley, convencido de que su palmarés lucirá mejor cuando un día diga: “Yo gané un Dauphiné”.

Y quedará mejor cuando añada que se lo ganó a Froome, a Valverde, a Contador y a Bardet, entre otros muchos, porque estos un día iban bien, andaban y entraban la trapo y al siguiente, mostraban fragilidad se quedaban en la ruta y acababan con la sensación de que su mente y su espíritu estaban en otro sitio y no por los valles de Saboya.

Este domingo, cuando el Dauphiné de 2017 sea historia, sacaremos conclusiones, por de pronto, la primera que nos ronda la cabeza es una de esas ediciones que varios grandes vinieron a correr, pero sólo uno quiso ganarla.

Imagen tomada del FB de BMC Racing Team

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