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Strade Bianche vs Milán-San Remo

Opinión ciclista

Strade Bianche vs Milán-San Remo

Tiempo de lectura:2 Minutos

A ver, imaginaros. Un buen clásico, actores de época, recorrido, abolengo, una forma de hacer que no muere a las modas, que pervive. Surge un día, y décadas después sigue vigente. Imperecedero. Por el contrario una peli de género de acción. Un thriller de hace dos días, con temática, ritmo y fotografía actuales.

¿Qué preferís?

Complicado, verdad.

El año pasado, cuando valorábamos la Milán-San Remo, la carrera de más de cien años, que discurre por los parámetros normales, y por los recorridos ideados hace más de medio siglo, si la Primavera surgió con Fausto Coppi, algunos nos mentaban la Strade Bianche como contrapunto y prueba de referencia en la temprana primavera toscana.

A saber, la Strade Bianche, esa carrera que se corre por las lomas entre Siena y Siena, es una competición de esas de nuevo cuño. No sé si fue primero, la fotografía o la carrera. Lo de los caminos vecinales sin asfaltar me parece, incluso, añadidura. Una carrera hecha por y para el deleite de los sentidos, visuales, principalmente, porque el olfato de los corredores debe acabar seco y tostado. Una carrera explosiva, que quita los kilómetros de la basura, los primeros, los que muchas veces no vemos, pero que pesan como un plomo en las piernas cuando la carrera se hace larga y tremenda.

Una carrera hecha por y para la televisión, para el 2.0, para las redes sociales. Una carrera trufada de leyendas nuevas, de rincones de siempre y lugares preciosos, aliñada con sabor toscano, esa marca universal, como Andalucía, como Mallorca, como los paraísos ideales de la vieja Europa que intentan imitar el oriente. Una carrera que, como digo, omite el fondo, pero premia la plasticidad. Una carrera joven, muy joven, pero que tiene sus referencias y que no gana un cualquiera: Gilbert, Kwiatkowski, Stybar y el propietario de un tramo Cancellara.

A las estrellas modernas cuyos nombres se cincelan en su friso, se suma el espectáculo resultón que cada año se nos ofrece. Sea Valverde, sea Sagan, sea Cancellara… cada año hay gresca, y a veces hasta de lejos, poco usual por estos tiempos. Con esos ingredientes, e Il Campo, ay Il Campo sienés de llegada, tenemos la carrera de tiempos modernos por pasillos de la historia, de ingredientes rápidos y concisos y resultado estéticamente perfecto. Por cierto, si no me equivoco no ha habido una Strade con lluvia, Dios no la quiera, porque entonces no sé en qué acabaría eso.

Por otro lado tenemos la eternidad que va de Milán a San Remo. Casi tres centenares de kilómetros que transitan desde el altiplano lombardo hasta el culebreo ligurés. Una carrera que se corre a mil por hora, tan rápido que nadie osa romper, ni siquiera saltarse el control, porque con los sistemas actuales nadie puede hacer más de lo que hace. Nadie rompe San Remo más allá del descenso del Poggio desde aquella vez que Gerrans le robó la cartera a Nibali y Cancellara. Pasaron a mejor época los tiempos de Jalabert, Furlan, Argentin, Kelly y Fondriest. Nadie es capaz de burlar al grupo y al final tenemos desenlaces al sprint donde, tras 300 kilómetros, la lógica no siempre es tal y se impone quién menos se imagina uno. Para muestra Demare y Goss.

Así las cosas, no son pocos los que se van al thiller moderno e intrépido. Quieren ciclismo 2.0, de bella estampa, fácil comprensión y lúcida resolución. Las cosas no son sencillas para el ciclismo de toda la vida, el que sacó a las masas de las penurias de la gran guerra , les alimentó el orgullo y llenó de tinta grandes diarios. San Remo es el vivo ejemplo, y su cercanía con la Strade pone negro sobre blanco esas carencias.

Yo siempre me quedaré con San Remo, ya sé que no es lo popular, en plena excitación previa a la Strade, pero el ciclismo es un deporte más que centenario y a veces creo que si se omite eso, omitimos lo más importante, aunque en los matices esté la trampa.

Imágenes tomadas del FB de Strade Bianche y Milán-San Remo

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Alex

    3 de marzo, 2017 at 22:08

    Pues mira, estoy de acuerdo contigo. Estaría bien un strade bianche más larga y con un poco más de chicha.

  2. LUIS ALBERTO GARCÍA LANDA

    4 de marzo, 2017 at 10:45

    Prefiero la Strada Bianca son ninguna duda

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