Strava, como la excusa perfecta

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No. No me he dopado -ni me doparé- para mejorar mis tiempos de Strava. Ni para nada. Más allá del ingenio de este mensaje que aparece en algunas camisetas que circulan por internet, la red social del ciclista, cicloturista o simplemente ‘máster’ en su definición más avanzada, sirve para medirte a ti mismo o para un pique en versión 2.0. Es decir, los piques con los más fuertes de tu grupeta ya pasaron a mejor vida cuando minutos después de acabar tu entrenamiento podías consultar online los segundos que habías ganado a un tramo o lo cerca que te habías quedado de un KOM.

El Strava entró con fuerza en nuestras vidas hace unos tres años y se fue implementando como en su día lo hizo Twitter cuando simplemente consultábamos atónitos qué había comido Lance Armstrong o cuántos kilómetros había entrenado esa mañana. En el caso de la red social naranja (por el color de su logo) todos contemplábamos inquietos lo rápido que había subido un puerto Laurens Ten Dam. Con él empezó todo.

Vía Ten Dam y vía algún compañero ciclista un pelín más 2.0 esta peculiar forma de compartir tus entrenamientos y de presumir de tu estado de forma comenzó a calar entre los cicloturistas de cualquier nivel o de los ciclistas que no compiten pero tienen ínfulas. Al principio no querías darle la mayor importancia porque sabías que Ten Dam juega otra liga, pero con el paso de los kilómetros podías ver, observar e incluso espiar qué tal forma tenía tu vecino ciclista o qué bien o mal iban a llegar los ciclistas pro a su próxima carrera. Muy gratificante y descriptivo si eres un un usuario avanzado.

En el caso de los cicloturistas con ínfulas y que velan permanentemente por un estado de forma más que aceptable, el Strava se convirtió en un complemento perfecto y… necesario. Tras cada entrenamiento la primera misión dejó de ser estirar convenientemente, comer o hidratarse para conectar el Garmin o tu dispositivo de turno y compartir tu entrenamiento con o sin vatios. Era más importante ver cuántas medallas por superar tus registros habías ganado esa mañana y, desde luego, comprobar si tu subida a tu puerto o repecho fetiche había mejorado. Una mezcla de placebo y estimulante ideal para entrenar con más ganas y para tomarte un poco más en serio las 3-4 horas que le dedicas diariamente a la bici, en el mejor de los casos.

Strava tiene un poco de todo, de Twitter porque lo comentas y lo compartes. De Facebook porque puedes dar ‘kudos’, es decir: me gusta. E incluso de Instagram porque puedes sincronizar tus fotos para que el postureo sea ideal.

Conviene insistir en que Ten Dam sólo hay uno. Así como en que un ciclista pro va a ser siempre más rápido que tú en un tramo por mucho que te esfuerces. Pero si algo bueno tiene esta red social ciclista (y también para runners) es que gracias a ella te crees un poquito más pro o un poquito más bueno que tu amigo o que un usuario random. Colma el ego como mejor excusa para entrenar un poquito más y un poquito más fuerte.

Por Adrián García, Eurosport

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