La tabla rasa del ciclismo

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La tabla rasa, el ciclismo como está concebido no puede seguir. No es la primera vez que lo decimos, y los hechos nos dan la razón. La piedra angular de todo el tinglado, el ciclista, sin el cual no habría circo, es el último en decidir y como vimos con Peter Sagan, el primero en recibir.

La caída de Sagan ayer es el último episodio de un serial de incidentes que no pasan en carreras cualquiera, no, para en las mejores casas, con los mejores ciclistas. La Vuelta entronca con Flandes, Tour y San Sebastián de competiciones adulteradas por las motos.

Desconozco cómo se reparten los carnets para conducir un vehículo motorizado en carrera, no sé si la cantidad de motos es menor que otras veces, y el estrés puede a las que quedan en servicio, no sé cómo, pero Sagan ayer se llevó una hostia de primer orden, una quemadura en el glúteo que dolía sólo verla y una buena sanción en francos suizos por expresar la indignación propia de alguien que ejerciendo su profesión es arrollado por una moto.

El año pasado expresamos en este post lo decepcionante que a veces resulta este ciclismo que llaman 2.0. Un deporte que chafa, literalmente, personas, que prima los mercados emergentes a costa de la tradicion, que reniega de su centenario pasado, que aplica las leyes con mayor o menor dureza dependiendo quién esté al otro lado, que busca innovar a costa de la seguridad de los ciclistas,…

Lo de Sagan ayer creo que es la perfecta guinda a este frenesí autodestructivo que hace del ciclismo profesional algo más inhóspito para todos, cuando ya hablamos de un oficio que no es duro, es durísimo. Los Cookson y compañía que dicen mirar por el bien de esto no dicen nada, como cuando  a Froome lo cosieron a insinuaciones durante el Tour. No sé exactamente para qué coño están.

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