Tabla rasa en los adoquines

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Miedo mucho, ruido también, resultado, el esperando y, sobretodo, el deseado. En la temida jornada de adoquines del Tour, no pasó más que un tremendo espectáculo, con los favoritos caminando en un filo, pero sin daños mayores y demostrándose que, a falta de lluvia, el cuento cambia mucho.

Hubo un hombre mayúsculo, un alemán que nos maravilla por su forma de rodar y generosidad en el esfuerzo. Sí es Tony Martin y él le puso la guinda al pastel. Hay cosas que merecen la pena de por sí, como esperar a toda una etapa sobre adoquines para ver como el guiño del Sky al alemán dada su intención de desprenderse del maillot, que pesa tanto y tan lejos de París. Y luego la celebración, de Stybar, de Uran, de Vermote,… todos haciendo corro sobre el alemán, tirado cual trapo en el suelo. Se nota que hay feeling y aprecio. Hoy no estaba el tontaina de Cavendish para amargarle el amarillo que nunca le llegó, manda huevos, por una crono.

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El pavé tan cacareado pasará como pintoresco en el balance de este Tour. Tan pintoresco como intrascendente. Sin lluvia las posiblidades de romper el grupo se reducen mucho y no siquiera pasó lo de hace cinco años, cuando hubo ciertas distancias entre los grandes. Claro que entonces staba Cancellara en plena forma con Andy Schleck, soldado a su rueda.

Impresiona, mete miedo Chris Froome, quien va loco por la música. Ni siquiera en un terreno donde su fragilidad sale a flote, se amilana. En todas las guerras acontecidas siempre ha estado por delante, veremos qué le pasa, porque el Tour es largo, y así lo vivió cuando lo ganó hace dos años.

Alberto Contador está ahí, esta bien muy bien rodeado, incluso, pellízquense, por Peter Sagan, pero da la sensación de que, o no está aún a tope, o quiere verlas venir. El madrileño no demuestra frescura y si esto le pasa al principio, no quiero saber qué le vendrá al final, cuando las pilas fallen.

Nibali en su sitio, demostrando que es un mago con un manillar entre las manos. Su exhibición ha sido estéril, sobretodo porque el factor sorpresa del año pasado, ni la lluvia, le acompañaba. Sea como fuere está enchufado. Lo mismo que Nairo, el ciclista que para ser colombiano, todo pasión y fuelle, no da una pedalada de más. Dos minutos pueden parecer pocos o muchos, ese es el tiempo que le saca ya Froome. Nos parece mucho a recuperar en montaña.

Veremos por eso si Valverde estará con él o hará la “carrera paralela” como ha hecho en el pavé. Purito, esta vez sobrio y contenido, ya subió al podio del Tour con mayores pérdidas hace dos años. En esta ocasión no tiene crono que le amargue.  Y ojo con Van Garderen, un ciclista que de tanto foguearse parece que está a punto. A mí me parece un serio cantidato a un Tour que quemó las tan temidas etapas del norte. Ahora, sobre el papel, viene el resuello. Disfrutemos de Martin de amarillo: una de las pocas justicias que nos regala este bendito deporte.

Imagen tomada de FB del Tour de Francia

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