Tener un equipazo no es garantía de nada

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Acabó la tercera grande del año, la Vuelta, y ahora que andamos inmersos en lodo bursátil podemos afirmar que Geox ha recuperado en tres semanas lo perdido en todo el año. El buen equipo de Matxin alcanza su gran éxito superando, y entroncado con anteriores estructuras, aquel Saunier que se embolsaba etapas y dobletes casi a diario en el Giro de 2007. Un éxito bien parido por un persona cuyo perfil no acabamos de definir, por qué quién tiene narices de poner coto a Juanjo Cobo como ciclista, como ser humano, como persona…

El cántabro estuvo en lo más alto acompañado por dos Sky en un choque de emociones entre ambos. Nunca un británico se fue tan satisfecho de la Vuelta como Froome este año, un peldaño por debajo suyo el teórico líder, es decir Bradley Wiggins, quien si no gana la Vuelta difícilmente puede aspirar al Tour, por mucho que recuerde su fractura de clavícula. Pero qué corredorazo nos hemos perdido los amantes del peralte, el barniz y graderío.
El Sky, a pesar de su indudable glamour, incentivado por esa millonada que le respalda, no es un superbloque como otros que en la historia, y futuro próximo, han dado pero mucho que hablar. Sin embargo en el seno del equipo que viste de negro ha acontecido un hecho que bien puede valer una gran vuelta. Eligieron mal, llegaron con Wiggo de capo, quisieron que así fuera hasta que el Angliru puso a cada uno en su lugar y el del líder estaba por detrás. Si Sky, que como lo dicho, es un buen equipo pero no equipazo vaciló en la elección de su baza, y erró, que no puede pasar en esa cacareada fusión entre Leopard y Radio Shack, de la que una cosa sacamos en claro, los de Mercedes habrán pensado qué tipo de gente mueve el ciclismo.
El Leopard se puso se largo con toda pompa y modernidad para morir en la orilla diez meses después. Un proyecto personalista donde cada tiro salió por la culata, quizá la incompetencia manifiesta de los Schleck (de Lieja a Plateau de Beille) o la soberbia de Cancellara durante las grandes clásicas haya sido el detonante de uno de los proyectos fallidos más sonoros de la historia reciente.
Y es que la historia, en pasado, y echando la vista atrás no esconde que grandes equipos, plagados de dos, tres y hasta cuatro bazas no han tenido que llevarse el éxito por defecto. Bruyneel en esto lo tiene claro y puso al servicio de Armtrong gregarios que clavaban rivales del tejano y ganaban al tiempo Giros y Vueltas. El último ejemplo de superequipo fue Astana 2009 y aquello no acabó como el rosario de la Aurora por que Contador era infinitamente superior a todo lo que rodeaba, dentro y fuera del equipo. 

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