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En ciclismo Teruel existe: algo más que piedras y viento

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En ciclismo Teruel existe: algo más que piedras y viento

En ciclismo Teruel existe: algo más que piedras y viento

Sea Otter Leadboard- Post

Una clásica cada día del año, eso es el ciclismo en Teruel

MOV – Ciclobrava – Sea Otter 2020

 

Teruel ha salido bastante en las noticias últimamente, pero hemos venido a hablar de ciclismo.

“Es Teruel tierra recatada y grave. Su atmósfera seca y luminosa, subraya el rigor de las viejas piedras” (Néstor Luján)

Acababa de llegar a casa y ya estaba deseando volver.

Había quedado encantado de esta tierra y sus gentes, aunque suene a tópico, pero es cierto, disfruté de recorridos de ensueño, pedaleando por carreteras perdidas, escondidas entre recovecos, muelas y gargantas, abriéndose paso entre la roca de las montañas.

Sí, lo reconozco, nunca antes había estado en Teruel, nunca había tenido esta gran suerte de poder disfrutar de estas comarcas, una maravilla para los que nos gusta disfrutar de la bici… y sufrir con ella.

Era una deuda pendiente: Teruel.

Había oído hablar de sus excelencias, de su bellos y duros recorridos, y por fin lo pude comprobar.

 

-“Escribe que no hace falta que suban hasta Roubaix o Flandes para disfrutar de una clásica, que vengan aquí” me dijo Roki, organizador de la otrora popular marcha «Los Degollaos» y  no sin razón, por supuesto.

Efectivamente, los cicloturistas nos podremos quejar del estado de muchas de las carreteras de estas tierras, pero esto también forma parte del encanto de recorrerlas a lomos de nuestras bicis.

Así es, pavimento descarnado, baches, gravilla, terreno “botoso”… donde realmente sufres, agarrándote a la bici, pero con la emoción de ir sorteando dificultades.

Así es el Cruz Race Dark, el portabicicletas de techo 

Y es que es curiosa la naturaleza humana del cicloturista, siempre predispuesta a sufrir, a sufrir… y a disfrutar con este sufrimiento en forma de puertos, descensos y… viento, mucho viento, como el que padecimos en Villarroya, donde nos azotó de lo lindo.

Sin embargo, frío, como suele hacerlo y mucho en esta tierra, y en aquellas fechas aún, ya inmersos en el mes de abril, pues no hizo, aunque vimos nieve en las cunetas de Majalinos, curiosamente en un día radiante, con buena temperatura y sol.

Aunque a veces se cernían sobre nosotros nubes desafiantes, que quizás hacían sospechar que, seguramente al final, sí tendríamos que utilizar el chubasquero con el que prácticamente todos salimos cargados con él, a nuestras espaldas.

El día antes nos habían metido el miedo en el cuerpo a todos con una previsión de un 80-85% de probabilidades de lluvia y 5ºC a la hora de la salida, a mil metros de altura en nuestra querida Venta La Pintada.

 

Suerte que se equivocaron en la previsión, o al menos se adelantaron, porque realmente sí, al día siguiente llovió y mucho, e hizo frío, mucho también.

En otras ocasiones, eran los buitres los que con sus vuelos “ensombrecían”, amenazantes, el cansino paso de los más rezagados, sobre todo subiendo el último puerto de los Degollaos.

Foto: Jordi Escrihuela (Órganos de Montoro)

-“¿Será en ese barranco donde degollaron a la pareja que narra la leyenda de la zona?” -me comentó uno de los participantes.

En mi retina quedaron grabadas numerosas y bellas estampas: el paso por el Parque Geológico de Aliaga “donde el valle se retuerce” con sus espectaculares relieves, dejando a un lado la fantasmagórica visión de la central térmica abandonada.

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También el puente sobre el río Guadalope, que ese año bajaba espléndido, en Miravete, pedaleando por los pinares del Maestrazgo, pasando por pueblos pintorescos como Fortanete o Villarluengo, colgado de una peña.

Subidas, largas bajadas como la de Cuarto Pelado, curvas, virajes, pasos por túneles naturales, carreteras sin tráfico, formaciones rocosas magníficas como las de los Órganos de Montoro –parada obligada para sacar algunas fotos-, sin olvidarnos de la gastronomía de la tierra:

-“Tengo ganas de llegar y comerme un buen jamón de Teruel regado con vino tinto del Maestrazgo” –me comentaba uno de mis acompañantes subiendo Degollaos, haciéndome la boca agua.

Recuerdos también de la Cicloturista del Tambor y el Bombo, una marcha con sabor a antaño que recorría el bello Parque Cultural del Río Martín y que nos hacía memoria que en esta comarca, la del Baix Martín, cada año por Semana Santa, se llenaban las calles de sus pueblos del retumbar de los tambores durante 48 horas seguidas.

SQR – GORE
SQR-Gore2

 

¿Teruel? Una maravilla para el ciclismo. Este año quiero volver y repetir.

Roki… ¡ves calentando el café!

Imagen: FB de La Vuelta

Foto: Jordi Escrihuela (Órganos de Montoro)

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