Todo lo que os preguntasteis sobre la bicicleta por una ciudad

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En la solapa de su libro, Pedro Bravo sale descrito como “un tipo que hace cosas”. Luego, cuando cierras por última vez su “Biciosos”, te das cuenta que Pedro Bravo es un tipo que hace cosas y que, al menos en lo que a la bicicleta se refiere, le pone corazón, mucho corazón, pues le supone un elemento clave en su día a día y en su forma de ser.

La obra de portada azul cielo que actualmente pulula por entre los miles de practicantes del llamado “ciclismo urbano” supone un evangelio apócrifo sin objetivo de dogmatizar de porqué la bicicleta es la máquina sobre la que se articula el futuro.

Pedro hace una exposición directa y sin ambivalencias, más bien, hace de hilo conductor de esa creencia. El firmante se sitúa a un lado y, como el colega que tenemos al otro lado de una mesa cualquiera de una terraza cualquiera, nos va presentando gente de diferentes círculos que hablan y hablan y hablan de la bicicleta, de su pasado, de su presente, de futuro, de la percepción que genera, de las expectativas que abre, de cuán mejores serían las ciudades si la gente aparcara su coche y fuera ciclista de alma y convicción.

En el secular trayecto de personajes se completa un puzle que habla de la bicicleta en sus tres tiempos (pasado, presente y futuro) pero aporta visiones desde gente que se gana la vida con la bicicleta, de personas que montan saraos con la bicicleta y tejen estudios sobre la misma, a  apóstoles modernos que sacan la bicicleta en procesión como un paso costalero de Gregorio Fernández. Ese crisol de personas y argumentos se une en base cientos, qué digo cientos, miles de estudios de diversa índoles y procedencia que actúan como el cemento de la arquitectura sobre la que se basa toda su tesis.

Y lo hace simple y llano, sin preámbulos, más que escribir Pedro transcribe lo que en su día le vino a la cabeza y pasó a una grabadora. Es un libro sencillo, sin trampa, llano y directo, incluso hasta coloquial. Desnudo, como la bicicleta desprovista de cambio y freno. Es el objetivo, es el mensaje: la bicicleta nos facilita la vida, nos hace mejores personas, nos activa, nos resta estrés y mejora nuestro sueño. Sólo le faltó decir que nos hace tigres en la cama.

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Sin embargo no todo son loas y parabienes, Pedro, él el primero, se sitúa al frente de las temeridades a veces los ciclistas realizan por aceras o pasos de cebra. La prisa que en teoría no te debe invadir encima de una bicicleta enturbia a veces la imagen del colectivo y los semáforos en rojo, los sempiternos semáforos en rojo, son la prueba del algodón de que las cosas pueden mejorar porque en el fondo saltándonos las reglas, situamos al ciclista en el mismo rol agresivo y desagradable que muchas veces ubicamos a los coche. Porque hay que pensar en el tercer actor de la vía pública, el peatón, muchas veces el silencioso damnificado de que la ciudad no dé más de sí.

Como concluye el libro en un pasaje queremos hacer la bicicleta algo normal, no exótico y que si hoy hay más bicis que hace diez años, que en los diez próximos hayan muchos más.

Si la bicicleta en la ciudad necesitaba un manual de uso aquí tenéis uno, sencillo, ameno y rápido, y La Biciteca os lo pone fácil.

Imagen tomada de wibikes.com e infografía de @bsasenbici

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