Tony Martin habla por la dignidad del colectivo ciclista

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Hace tres años el Tour de Francia celebró una efeméride centenaria arribando a la cima del Tourmalet. 100 años antes la carrera introdujo estos parajes en el recorrido dando relieve al que tengo por primer reproche que un ciclista realizó a los gestores de la carrera. “Sois unos asesinos” les dijo Octave Lapize ni corto ni perezoso una vez comprobó que el Tourmalet no era más que una suerte de sendero infame invadido de piedras, baches y yerbajos.

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Hablar con la claridad de Lapize no ha sido moneda común pues el gran patrón podía tomar represalias. Quizá el libro de Albert Londres sobre el Tour de 1924 sea un testimonio doloroso cuando quien lee toma las declaraciones de los Pélissier:

 

“A todo eso, aún no habéis visto nada, esperad a los Pirineos, es el hard labour, lo aceptamos todo… Lo que no obligaríamos a hacer a una mula, lo soportamos nosotros. No somos holgazanes pero, en el nombre de Dios, que no nos fastidien, Aceptamos el tormento, ¡pero no queremos sufrir vejaciones!”

 

En su edición 100 el Tour de Francia quiso anotarse un tanto haciendo que la carrera pase y siga una vez corone l´ Alpe d´ Huez. En una carretera abierta para la ocasión el pelotón podrá realizar inédita gesta de subir dos veces el mismo día el coloso más célebre de los Alpes. En la pasada Dauphiné se hizo un ensayo y al parecer por los comentarios todo fue bien.

Sin embargo ha salido, en pleno siglo XXI, una voz discordante, un filo de dignidad en el pelotón que protagoniza el alemán Tony Martin quien no escatima desprecio a los organizadores por hacer pasar a los ciclistas por tan peligroso y desprotegido lugar. Sorprende y alegra una voz ajena al discurso oficial y oficializado.

El ciclista describe en el Bild alemán la carretera como “vieja, estrecha y llena de irregularidades”. Y sigue: “No hay barreras protectoras, a la derecha hay un precipicio de treinta o cuarenta metros. Si un corredor falla en una curva hasta ahí habrá llegado”. Esta espeluznante descripción ha pasado desapercibida en muchos medios y quizá sea la piedra angular ante lo que el ciclismo, y en concreto los ciclistas vienen tiempo padeciendo. Un colectivo en manos de unos organizadores que dicen velar por su limpieza y sostenibilidad que no dudan en meterlos por auténticas encerronas si en ello les va un duro.

Lo triste es que sólo Martin, quien muy posiblemente para esa altura del Tour no esté para disputar la general, haya alzado la voz. Sin saber los entresijos de la situación, desde fuera se percibe miedo, mucho miedo a decir lo que realmente se piensa.

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