Tour #12- Bochorno en el Ventoux

1
7
vistas

El final vivido de la duodécima etapa del Tour, no la podemos calificar de otra manera y hasta con otros adjetivos más o menos contundentes. No encontramos palabras a lo sucedido. En la vigilia, además, los dirigentes de la ronda gala habían decidido suprimir los últimos seis kilómetros que restaban por culminar en la cumbre del célebre y temido Mont Ventoux, montaña ubicada en la región de Provenza, en el sureste de nuestro vecino país.

Tal situación se debió a las ráfagas de viento intensas que han azotado a aquella zona durante todos esos días y que se presagiaba que podían atentar a la caravana multicolor ciclista. Fue una buena decisión. Aunque ante este acortamiento de tal puerto perdía parte de su verdadera identidad. La esperada etapa tuvo su desarrollo más o menos normal con una escapada matinal tutelada por trece corredores que no suponían un serio peligro para la clasificación general. En las postrimerías de la etapa, quedaron en vanguardia entre los citados fugados nueve audaces, que tuvieron arrestos suficientes para poder resistir los kilómetros que les restaba para redondear la etapa en cuestión. Fueron los que coparon las primeras plazas de la etapa al disfrutar de una buena renta de minutos de ventaja sobre el pelotón principal, que también fue reduciéndose.

Pero por encima de todo el interés de la jornada giraba en torno a los ciclistas más ilustres, los considerados favoritos o más favoritos de la prueba. Se espera el contragolpe que iba a imponerse en el esperado Mont Ventoux, encerrado en una carretera de ascensión un tanto estrecha y tortuosa, atestada por un público entusiasta en demasía. Allí se produjo este accidente que nos ha mantenido a todos en vilo en estas últimas horas.

A poco menos de un kilómetro de la línea de meta, una voluminosa moto que se dedicaba a ir filmando las incidencias de la etapa, frenó así de repente para poder salvar algún desaprensivo que se puso a animar a los ciclistas en plena calzada. Hacía lo que no debía. La consecuencia de ello fue que el australiano Richie Porte se vino por los suelos al topar con tal obstáculo motorizado, al igual que le sucedió al holandés Bauke Mollema, sin consecuencias comprometidas. El que pagó la peor suerte fue el británico Chris Froome, que pedaleaba a la zaga y defendía con eficacia su liderato.

Froome se quedó sin bicicleta y anduvo a pie un trecho con la mirada perdida hasta que se le facilitó el artilugio mecánico para poder proseguir su calvario hasta la meta. En teoría había perdido la codiciada camiseta amarilla. Los jueces, sin embargo, tras mucho cavilar y consultar decidieron con justicia restituir la pérdida de tiempo asignada a Froome en un principio. Con la enmienda consiguiente el corredor británico pudo de nuevo reconquistaba el primer puesto y normalizarse la situación.

A todo lo dicho nos sorprendió la ausencia de las consabidas vallas de protección que se acostumbran a colocar en los últimos compases de cualquier etapa, especialmente en esos kilómetros finales tan importantes ante un público desbordado por un encendido entusiasmo. No en vano Francia celebraba en ese día la fiesta nacional, un acontecimiento patriótico que contribuyó en más a enardecer a las gentes que se acostumbrar a colocar en lugares estratégicos de la carretera para aplaudir a sus corredores más populares o favoritos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de VeloImages – Ciclo21

INFO

Gandia · Benidorm · Peñíscola
Paraísos ciclistas con hoteles perfectamente preparados para recibiros

Publicidad

1 COMENTARIO

Deja un comentario