Tour #16- Sagan mueve masas

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La decimosexta etapa de ayer del Tour, con final en la ciudad helvética de Berna, no nos descubrió nada de nuevo ni nos aportó muchas novedades como no fuera el triunfo, a última hora y a todas luces, contundente por obra del ciclista eslovaco Peter Sagan, un nombre que se nos hace ya tradicional en estas lides protagonizadas por los especialistas y artistas de la velocidad. Efectivamente, por tercera vez en este Tour, Sagan se ha tomado la libertad de volver a vencer por escasísimo margen, un triunfo avalado por unos pocos centímetros, sobre sus dos contrincantes más directos, que resultaron ser los noruegos Alexander Kristoff y Sondre Holst Enger, en este orden.

Por los demás, la clasificación absoluta, tal como era de esperar, no sufrió apenas variaciones a lo largo de un recorrido casi plano como la palma de la mano, alternado con subidas y bajadas de escasa identidad. El británico Froome, un líder perfectamente arropado por los servidores de su equipo, salvó otra jornada, alcanzando así más solidez en la custodia de su primer puesto.

Una etapa sin complicaciones

Lo peor del caso, nos cabe atestiguar, es que la etapa tuvo sus más y sus menos, a lo largo de su itinerario poco comprometido con la dureza, salvo una incursión sin importancia catalogada de cuarta categoría, denominada Côte de Mühleberg, que se situaba a tan sólo 19 kilómetros de la línea de meta.

La etapa no nos ofreció mucho más. Aunque se pedaleó bajo altos promedios la jornada fue más bien aburrida, monótona. El equipo de Froome, el Team Sky, constituye una fortaleza inexpugnable, dado que controla perfectamente todas las escaramuzas que van surgiendo para que el dominio de la carrera permanezca en sus manos. Ya desde los principios de etapa, anotamos un intento protagonizado por un dúo compuesto por el germano Tony Martin y el francés Julian Alaphilippe, los dos pertenecientes al mismo equipo con su vestimenta de color azul oscuro, el Etixx-Quick Step. Cuando faltaban una veintena de kilómetros para la meta se esfumaron sus caras esperanzas de victoria. Estrella fugaz la mostrada a continuación por el portugués Rui Costa, que pedaleó en solitario en un corto trecho. También fue absorbido sin contemplaciones por el pelotón que lo componían unas sesenta unidades ¡Vaya “sprint” les esperaba! Los velocistas no se dejaron comer el terreno y barrieron a su favor con un Sagan, que realmente en las postrimerías de la etapa nos cautivó.

La clasificación absoluta, tal como era de esperar, no sufrió apenas variaciones. Chris Froome, repetimos, el líder inamovible y perfectamente arropado por los servidores del equipo o del conjunto, salvó otra jornada cuando nos vamos acercando a su definitiva conclusión inmersa de seguro en apoteosis.

La ilusión truncada de Cancellara

Un inciso en torno al popular ciclista Fabian Cancellara (35 años) que se dejó entrever en la citada contienda que nos ocupa hoy. Este atleta del pedal suizo habita, efectivamente, en esta sugestiva y brillante ciudad de Berna, que se encuentra a orillas del rio Aar y que tiene una población aproximada de 170.000 habitantes, una cifra de por si nada desdeñable. El citado corredor, un corredor específico de carreras clásicas de un solo día o bien muy identificado en la modalidad de contrarreloj, nos anunció no hace mucho tiempo que tenía la intención firme de retirarse del deporte activo para finales de la actual temporada rutera.

Hoy, en Berna, tenía la ilusión de lucirse ante sus entusiastas compatriotas. Pero debió contentarse en el “sprint” tumultuoso final con conseguir el sexto lugar, muy a pesar suyo. Tenía el delirio de poder vencer colindando a su domicilio, situado en una calle adoquinada de buena manera. Envuelto en nuestros pensamientos y viendo el desarrollo de la etapa en cuestión, recordamos sus inolvidables gestas que protagonizó en esta célebre y hasta legendaria clásica, la París-Roubaix, sembrada en algunos trazos de excepción por estoy adoquines tan singulares que en nada se asemejan a los que vienen lindando junto a la casa que posee en propiedad nuestro Cancellara, un ciclista portentoso y muy batallador, que siente a estas alturas el peso de los años.

Tan sólo reverdecer nuestra memoria y poner sobre el tapete el significado que ha tenido para Fabian Cancellara esta gran clásica, que siempre hemos admirado, como es la París-Roubaix, la conocida comúnmente como la carrera denominada “El Infierno del Norte”. El corredor suizo consiguió tres formidables victorias en los años 2006, 2010 y 2013. Por delante, bueno es decirlo, están otros dos colosos: los belgas Tom Boonen y Roger de Vlaeminck, que se llevaron cuatro a su zurrón, una marca inexpugnable hasta la fecha. Son recuerdos que pululan en nuestra mente y que vale la pena airear de tanto en cuando. Son los contrastes que uno vive en el quehacer cotidiano.

La realidad vivida en ese día por Fabian Cancellara en su tierra, en la ciudad cosmopolita de Berna, término de la decimosexta etapa, fue un simple señuelo, una simple ilusión, que no pudo ser realidad. Esta motivación que señalamos aquí en muchas circunstancias de nuestras vidas nos apuran, nos acosan, como si se tratara de un compromiso de obligado cumplimiento. Luego resulta que esta ilusión se nos transforma así de repente en una aparatosa pompa de jabón que se nos escapa de nuestro entorno al compás del viento. Cancellara debió conformarse con ser el sexto de la etapa, aunque él creía a pies juntillas que debía ser a toda costa el primero en esa jornada festiva con un público entusiasta que le aplaudía frenéticamente. Esta estampa contemplada en su ambiente nos trajo a escribir a golpe de pluma esta reflexión.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

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