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¿Qué extrañamos del Tour cuando no era aburrido?

Tour aburrido JOanSeguidor

Opinión ciclista

¿Qué extrañamos del Tour cuando no era aburrido?

¿Qué extrañamos del Tour cuando no era aburrido?

Hace 35 años Joan Manuel Serrat le dedicaba una canción a ese Tour que no era aburrido…  

O, mejor dicho, la letra de una canción, porque aún hoy en día aquellas palabras que le dedicó a la Grande Boucle siguen sin tener su correspondiente melodía.

Nunca tuvo oportunidad de ponerle música a este simpático texto que a continuación os transcribimos un fragmento:

¨Si usted tiene libres tres semanas
y el mes para echar por la ventana
si en su casa, usted ya no interesa
pues cambió la pasión por la pereza
si le consienten sus fugas prolongadas
y sus ausencias ya no importan nada.
Es hora de que empiece
a pensar en el Tour
y abur, abur, abur.

(…)

Si usted es hombre de hábitos sencillos
como lavar de noche calzoncillos
y le caben de una sola vez
dos metros largos de ese pan francés,
deje en casa sus aires de elegancia
y venga a mover el culo al Tour de Francia.”

Esta supuesta divertida canción la escribió con la ayuda de su amigo colombiano Daniel Samper.

Endura LDB Summer 2019 – ROT
DT-Swiss 2019

 

Jamás fue publicada en disco y desconocemos los motivos.

Corría el año 1984, en la 71ª edición del Tour de Francia que se iba a disputar del 29 de junio al 22 de julio.

Aquel Tour no era aburrido.

La carrera contaba esta vez con un corresponsal de lujo para cubrir la gran ronda gala por etapas.

Un invitado muy especial: nada menos que a Joan Manuel Serrat.

El noi del Poble Sec”, reconocido enamorado del ciclismo,  es solicitado por El Periódico de Catalunya como comentarista.

El cantautor no rechaza la propuesta y acepta con muy buen gusto el viajar al Tour junto a otro enviado especial de excepción: el periodista Chico Pérez, quien se encargaría de explicar los detalles más técnicos.

Serrat, con su toque y talento personal, redactaría durante aquellas tres semanas una columna diaria en las páginas de este rotativo.

Joan Manuel finalizaba así su primera colaboración: “Esto se pone en marcha. Con sangre, sudor, lágrimas y anfetaminas, el Tour demarra y yo me voy con él chupando rueda”.

Y así fue hasta aquel 22 de julio cuando en París se coronaba de nuevo, por segunda vez, como campeón del Tour el parisino Laurent Fignon.

Fue de esta manera cómo Serrat se despidió de la ronda francesa, y de su columna en el periódico, con este inolvidable “Abur al Tour”.

¿Por qué me he acordado hoy de estas palabras que Joan Manuel le brindó al Tour?

Evidentemente, las efemérides mandan y la ronda gala, como ya sabemos, está plagada de ellas y he pensado que 35 años era una buena fecha para recordar aquella edición con la letra de esta imaginaria canción.

Suunto 5 –  Summer img1

 

Pero no sólo por este motivo.

La verdad es que hoy, viendo la deseada primera etapa de montaña pirenaica de la carrera, me he dicho: “abur al Tour”.

Sí, “abur”, porque me tiene de esta manera: aburrido.

El Tour aburrido…

Mucho.

Y “abur” también, porque ha sido para apagar la televisión y decir adiós al Tour -otro más- por cansino y tedioso, hastiado de contemplar un espectáculo vergonzoso para la afición.

Pero yo no voy a echar la culpa a los corredores, por supuesto.

Faltaría más.

Yo no me creo que los ciclistas salgan a pedalear ahí afuera de esta manera. De motu proprio.

Ellos siguen las consignas de los directores de equipo y si les dicen que no se muevan pues ellos, tan obedientes que son, pues ni se mueven.

Sí, ya sabemos: el pinganillo tiene la culpa.

Y el eterno debate: ¿pinganillo sí o no?

Yo desde luego lo tengo muy claro.

Y creo que muchos de vosotros, también.

Cruz SQR

 

Ayer Carlos de Andrés y Perico se mojaron y lo comentaron en directo: se tendrían que restringir y usarlos exclusivamente por la seguridad de los corredores.

El pinganillo sí, está bien, pero sólo para estar en contacto con Radio Tour, para estar informado de cualquier percance en carrera.

Sólo para ésto.

A los directores de equipo, nada, salvo urgencia o instrucción decisiva, por el motivo que sea.

Los corredores, antes de la etapa, deben salir con la lección aprendida y lo que quieren los directores de ellos.

A partir de aquí, hay que liberarlos y que sea la propia carretera la que les haga tomar las decisiones.

Sí, que corran por instinto, por sensaciones, por deseo o motivación.

Porque, vamos a ver… ¿es normal que los escaladores no se hayan dejado ver?

¿Con la que les va a caer en la contrarreloj?

Porque los especialistas, ni lo duden, les van a meter un verano.

En su mochila llevarán siempre este Tour aburrido…

Por eso hoy, los que van como un tiro en la crono, además de los esprinters, los rodadores o los caza-etapas, iban comodísimos con el ritmo de marcha cicloturista que se ha impuesto en el pelotón.

Mira las rebajas de Santa Fixie

Ver subir los puertos a los profesionales como ciclistas de fin de semana, ha sido de vergüenza ajena.

Si lo más destacado ha sido el abandono rarísimo de Dennis.

Y contemplar la entrada en la meta de Bagnères de Bigorre del pelotón principal, todos juntitos, casi de la mano, como una numerosa grupeta de amigos que han acabado felices y contentos su primera marcha cicloturista de alta montaña de 200 kilómetros, ha sido escandaloso.

Yo lo he visto así.

SQR – GORE
SQR-Gore2

 

Tampoco ha ayudado la confección del recorrido por parte de la organización: ¿a quién se le ocurre poner una etapa así antes de una crono decisiva?

¿No habría sido mejor al revés?

Primero la contrarreloj y luego el bloque de etapas de montaña.

Como en la época de Miguel Indurain.

El Tour, la carrera que todo el mundo espera y acostumbra a decepcionar

Sí, y cómo echamos de menos aquellos largos recorridos contra el cronómetro de 60 ó 70 kilómetros, en los que luego, los escaladores, no tenían más narices que intentar recuperar el tiempo perdido en su terreno.

Sí, en ese que hoy han dejado escapar, una vez más.

Si no intentan en la alta montaña que a los contrarrelojistas le duelan las piernas al día siguiente… ¿qué podemos esperar de ellos?

Sí, abur al Tour, porque lo que viene tampoco nos da muchas esperanzas: etapas de juveniles de no más de 130 km (a excepción de la de Limoux y la de Embrun).

Como la del sábado: apenas algo más de 100 km de excursión para ascender el Tourmalet.

Lo dicho. Igual que una marcha cicloturista.

Un puerto, el Tourmalet, que ya ni marca diferencias ni tampoco es el otrora antaño y mítico escenario de grandes proezas sobre el asfalto.

¡Qué va!

Para nada.

¿Y luego que queda? La tercera semana.

Sí, esa en la que nadie quiere perder lo ganado, ya sea mucho o poco.

Seis días para nadar y guardar la ropa.

Sólo la etapa de Embrun parece que puede salvar esta nueva decepcionante edición de la ronda gala.

Y sí no ¿qué?

Abur al Tour, por aburrido. 

Y nos duele el alma decirlo.  

 

Endura LDB Summer 2019
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