Tour #5- El “solo” de Van Avermaet

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La quinta etapa, que llevó a la caravana multicolor ciclista del Tour hasta la Estación de esquí del conglomerado turístico de Le Lioran, hemos de convenir que en apariencia no ofrecía muchas alternativas. Sin embargo, los corredores, hay que decirlo, se vieron obligados a salvar un recorrido de cierta dificultad en el cuál se debieron subir dos puertos de 2ª categoría, tres puertos de 3ª y un puerto de 4ª, ascensiones que a la larga pesaron en el físico de los participantes tras las cuatro jornadas iniciales que fueron más bien mortecinas en acción, aunque muy emotivas por sus electrizantes llegadas al punto de meta, en donde los velocistas sacaron a relucir sus aptitudes en esta modalidad de riesgo.

Esta vez, se pudo contemplar, como los atletas del pedal mostraban cierta inquietud, especialmente en la parte final, cuando se percataron de que unos pocos pusieron la carrera a patas arriba, avivando una diferencia de tiempo en minutos, que se acumuló notablemente entre unos y otros, entre los de vanguardia y los que iban detrás, encerrados en un gran pelotón.

Una escaramuza que trajo sus frutos

En breve síntesis debemos exponer que anotamos desde los principios de la etapa una escapada protagonizada por nueve valientes u oportunistas ciclistas, que llegaron a poseer una substancial ventaja máxima de nada menos un cuarto de hora con respecto al gran grupo perseguidor, que no puso en sus comienzos toda la carne en el asador. Con el paso de los kilómetros y las dificultades aparecidas básicamente antes de culminar su conclusión, quedaron al mando un rescoldo integrado por un trío que lo formaban los belgas Greg Van Avermaet, un hombre de clásicas, y Thomas De Gendt, acompañados por el ucraniano Andry Grivko. A una quincena de kilómetros de la meta, Van Avermaet, el más fuerte de ellos, lanzó la estocada decisiva y se evadió en solitario hasta la línea de llegada sin reparos y sin ser inquietado. El pelotón, hay que decirlo, reaccionó muy tardíamente.

La consecuencia fue que el ciclista de Lokeren con sus 31 años a la espalda, triunfador merecido, no solamente venció en la etapa sino que al mismo tiempo logró vestirse de líder, con una ventaja de más de cinco minutos sobre el segundo clasificado, el francés Julian Alaphilippe, lo cual ha significado ser una cifra algo alarmante. Con esta ventaja en el zurrón que acaba de cosechar el ciclista flamenco, los considerados favoritos deberán bien evaluar estos minutos de retraso que les ha caído encima ante las etapas que se avecinan.

Los españoles se dejan oír

Es loable el de que a estas alturas los españoles Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez, ocupen, respectivamente, el tercer y el cuarto lugar en la general. Mientras, nuestro otro compatriota Alberto Contador va resistiendo como puede tras sus dos caídas sufridas en las dos primeras etapas, léase funestos accidentes, que sin duda le vienen afectando seriamente día tras día, aunque el ciclista de Pinto trate de esconder su juego con pundonor.

Entre una cosa y otra, el aludido corredor, con respecto al británico Chris Froome y al colombiano Nairo Alexander Quintana, máximos favoritos, lleva perdidos un minuto con 21 segundos, aunque el Tour, lo repetimos, acaba de comenzar. Es un lastre éste que le debe pesar, porque lo importante queda todavía en el alero por cubrir. Lo más serio se producirá en las etapas pirenaicas y sobre todo alpinas. No nos queda más que esperar para dilucidar o aclarar mejor los acontecimientos y sus previsiones.

Un personaje histórico y otro deportivo: Georges Pompidou y Raymond Poulidor

Siempre es llamativo cuando se recorre un país el conocer siquiera por encima su influencia histórica o incluso deportiva. El saber quienes nacieron en aquellos parajes que uno visita, siquiera por pura curiosidad. Se supone que el interés se centra en ciertas personas que han alcanzado un evidente prestigio o celebridad, siempre por méritos propios, y que dejaron entre las gentes un buen recuerdo y admiración. Sabemos, en fin, que hay personas que en el caminar por la senda de la vida dejan huella, una huella incluso profunda.

Precisamente en la región de la Alta Auvernia y más concretamente en el departamento de Cantal, en donde perdura un volcán, que dicen las crónicas que es el más grande que se asienta en territorio europeo, y que la caravana multicolor ciclista acaba de pisar, nos descubre a un político francés de otros tiempos, oriundo de estas tierras, llamado Georges Pompidou (1911-1974), que llegó a ser primer ministro de la presidencia de la Republica francesa, cuando tutelaba la nación el conocido general Charles De Gaulle, un dirigente sumamente importante que marcó un hito de plasmante trascendencia dentro de nuestro globo terráqueo, especialmente en el conflicto turbulento que nos trajo la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente en el año 1969, Pompidou, pasó a ocupar tan representativo cargo, que le dio una autoridad muy respetada y alentada en cualquier lugar de su nación.

Por otra parte, en un plano puramente deportivo, vale la pena exponer y ensalzar en otra escala de valores a una otra figura, que nació y se crió también en este recodo del mundo. Se trata del ciclista galo Raymond Poulidor, que aunque no tuvo la oportunidad de adjudicarse el Tour de Francia con el paso de los años, alcanzó una enorme popularidad en la esfera del pedal e incluso fuera de ella. Aunque se distinguió en muchas competiciones de alto rango, sean carreras clásicas y demás, queremos centrarnos en su actuación más sobresaliente, que prevaleció de todas a todas en la ronda francesa. Consiguió ser por tres veces segundo en la clasificación general final (1964, 1965 y 1974) y ser por cinco veces tercero en la aludida tabla (1962, 1966, 1969, 1972 y 1976); es decir, con el alto y cotizado honor de poder pisar podio, circunstancia de mérito que muy pocos corredores tienen la oportunidad y dicha de conseguir.

Lo de Poulidor es un caso acusadamente excepcional. Se le llamaba “El eterno segundo”. Lo recalcamos aquí con letras de oro y en mayúsculas. Es una efeméride que queremos recordar a favor de este ciclista con el que nos une de años una muy abierta y sincera amistad. Conoce las vicisitudes del ciclismo muy de veras dada su consabida experiencia en aquellas lides. Hemos aprendido mucho de sus enseñanzas.

Ahora habita en la pequeña localidad de Saint-Léonard-de-Noblat. Es muy apropiado que en transcurso de estos días, los organizadores del Tour, hayan tenido la delicadeza de rendirle un merecido homenaje, una justa alabanza a su extenso historial deportivo y a la vez ejemplar. Nosotros con fervor nos congratulamos con este corredor forjador de kilómetros, que cosechó un abanico de sonados triunfos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de www.letour.com

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